EL LARGO CAMINO DE RESISTENCIA DE LA TRIBU YAQUI
Los yaquis nacieron junto a la tierra, en el desierto, para ser precisos. En ese tiempo los yaquis eran —son— un elemento más de la naturaleza, y ahí se podía dialogar con las plantas, animales y los dioses. Había una sequía y todos sufrían por la falta del agua, por eso decidieron buscar al dios de la lluvia Yuku. Se envío a un sapo Boboc, que con su astucia logró llegar al cielo, y se paró sobre las nubes, ahí logró hablar con el dios Yuku. Los yaquis saben a profundidad que después de ese momento, Yuku creó el río Yaqui, y desde entonces han hecho la vida junto a él. Por eso, el río Yaqui es sagrado.
Después de su creación, los yaquis fueron habitando toda la ribera del río. La tribu yaqui tiene ocho asentamientos tradicionales: Loma de Guamúchil, Loma de Bácum, Tórim, Vicam, Pótam, Ráhum, Huirivis y Belem. Es un pueblo enorme, con alrededor de 32 mil habitantes, a pesar de las tantas guerras de exterminio en su contra. La tribu yaqui sigue en pie de lucha.
En la memoria colectiva de este pueblo vive la larga historia en defensa del territorio. La tribu está en el norte de México, en el estado de Sonora. Hacia el poniente colinda con el arroyo Cocorake. Al oriente colinda con San Carlos, Guaymas. Al norte con la sierra Bacatete y hacia el sur con el mar de Cortés. En su pasado hay infinidad de historias que dan muestra de las continuas resistencias y el trabajo tan difícil que ha significado conservarse como pueblo, como tribu. Pero los yaquis de ayer y los de hoy siguen sosteniendo este vínculo sagrado con la tierra, pues, como vimos, los yaquis nacieron con ella. Su territorio es hermoso. Los yaquis son desierto dorado, sierras monumentales, mar cristalino, valles bondadosos y río sagrado, pues ahí nació y continúa la vida.
Así podemos comprender por qué la tribu yaqui lucha actualmente por su río y territorio, y aunque por cientos de años han buscado desterrarlos de sus tierras y despojarlos de su historia y cultura, su resistencia está activa hasta el día hoy.
RESISTENCIA POR SIGLOS: LA LUCH A INCANSABLE DEL PUEBLO YAQUI
En 1533 tuvo lugar el primer enfrentamiento con los colonizadores españoles, pero se llevaron una gran sorpresa cuando vieron que la tribu yaqui contaba con una estructura militar bien organizada que dio freno al avance de la colonización en la región. Después de varios intentos y fracasos militares, los españoles optaron por incursionar a través de la conquista espiritual. Hasta 1617 (más de 80 años después), lograron ingresar los misioneros jesuitas y así comenzaron a introducirse en la tribu yaqui. Con su ingreso comenzaron las disputas territoriales y a lo largo de las décadas hubo rebeliones contra los españoles que usurpaban sus tierras.
EXTERMINIO YAQUI
En 1821 nacía México como Estado independiente, y lo que era un triunfo para los criollos y mestizos —ciudadanos mexicanos— de esa época, para los pueblos originarios significó el ingreso de una nueva ola de embestidas contra sus territorios y cultura. Particularmente para la tribu yaqui, el nacimiento del Estado mexicano significó el despliegue de diferentes estrategias de exterminio. Mario Luna lo narra con claridad y menciona cómo ya en el periodo del dictador Porfirio Díaz se intensificó el exterminio y la deportación de mujeres, niños y ancianos, quienes, de acuerdo con la antropóloga Raquel Padilla, sumaron alrededor de 10 mil personas deportadas. En 1866, la constitución de Sonora estableció que las tribus quedaban fuera de la ley y de sus tierras, por lo que podían ser explotadas y colonizadas a través del artículo 17, que decía: “Las tribus errantes y la de los ríos Yaqui y Mayo no gozarán de los derechos de los ciudadanos sonorenses, entretanto conserven la organización anómala que tienen en sus rancherías o pueblos”. Así, su exterminio se legalizó.
MEMORIA ANTE EL DESTIERRO. DEPORTACIÓN Y RETORNO
A pesar de los intentos, no lograron exterminarlos. Mario menciona (y también está documentado) cómo las familias yaquis deportadas a Yucatán poco a poco regresaron a pie a su territorio. En la memoria colectiva de este pueblo se resguarda este momento crucial de su resistencia y sobrevivencia como tribu, donde las mujeres tuvieron un papel fundamental, ya que la mayoría de los deportados fueron mujeres, niños y ancianos. Fueron ellas quienes cargaron con la encomienda de resistir, luchar y regresar a su territorio para levantar nuevamente a su pueblo.
La deportación no logró el cometido de desarraigo. Sin embargo, el Estado mexicano continuó con la guerra contra el pueblo yaqui. En los años 20 se intensificó la guerra de extermino que se replicó en 1927 con el presidente Álvaro Obregón. Mario recuerda que este fue el momento en el que por primera vez el ejército mexicano realizó bombardeos aéreos en contra de la tribu. El nivel de la guerra subía de tono por las nuevas herramientas bélicas usadas en su contra. Y este momento provocó un éxodo masivo de yaquis a Arizona, Estados Unidos, para escapar de la represión del gobierno mexicano. Es importante mencionar que Arizona ya era un territorio conocido por la tribu, pues en tiempos de sequía se iba a cazar y recolectar alimentos a este sitio. Con esta migración masiva en la década de los 20, se asentó un núcleo yaqui en Estados Unidos. Actualmente, la población yaqui de
RECONOCIMIENTO DE TIERRAS YAQUIS
Los yaquis nunca dejaron de luchar. Aunque los azotara una guerra, participaron en la Revolución de 1910 para conseguir la devolución de su territorio. Sin embargo, al final del movimiento revolucionario no les cumplieron y hubo nuevamente levantamientos constantes. Entre 1937 y 1940 se llegó a un acuerdo con el presidente Lázaro Cárdenas, quien abrió tierras de cultivo, se asignaron recursos económicos para desarrollar los trazos para un sistema de riego en las comunidades yaquis, algunas obras de infraestructura e incluso una especie de presupuesto económico para la organización interna de la tribu. Con eso se logró pacificar un poco el descontento ante la demanda principal de la devolución y reconocimiento de su territorio, ya que por decreto presidencial sólo se les reconocía alrededor de 485 mil hectáreas, que corresponden a un tercio de lo que fue su territorio ancestral, y el 50 por ciento de la captación del agua de la presa La Angustura.
En los años 50 comenzó la construcción de más obras sobre el río Yaqui, como la presa Álvaro Obregón, y ahí de nuevo comenzaron los conflictos por la extracción del agua. La gente que vivió en este tiempo recuerda que fue muy notoria la extracción de agua con esa nueva presa, ya que los caudales del río se empobrecieron. En los años 60 se construyó la presa El Novillo, conocida como Plutarco Elías Calles. Todas estas presas desviaban el agua hacia la ciudad de Hermosillo y otras regiones, dejando sin agua a la tribu yaqui. Ya en la década de los noventa, con las políticas neoliberales de Salinas, el campo se abandonó y la gente que vivía de la actividad agrícola comenzó a buscar otras opciones de supervivencia. Por ejemplo, en el caso de la tribu yaqui, muchos de los jóvenes migraron hacia las grandes ciudades como Hermosillo o Nogales para trabajar en las maquilas, y esto modificó la vida del pueblo yaqui. Jóvenes y mujeres trabajaban con horarios de doce o más horas y poco a poco dejaron de usar su lengua materna como lengua primera. Las nuevas familias ya no enseñaban a sus hijos, porque la mayor parte del tiempo su vida estaba en una fábrica, en una maquila.
Ahora la guerra se presentaba de manera distinta. Pronto identificaron que se estaba afectando a la cultura del pueblo. Ante esto, la autoridad tradicional, algunos profesores bilingües y académicos empezaron a crear estrategias para enfrentar la pérdida de identidad, sobre todo de la lengua. Algunas de las acciones fue la traducción (español-yaqui) de los libros de texto de la SEP. Pero aunque los textos ahora estaban en la lengua yaqui, el contenido seguía siendo el mismo y no se agregaba nada que fortaleciera la identidad.
A partir del año 2000 llegó una enorme embestida de megaproyectos que afectaba a la tribu: ampliación de la carretera internacional a cuatro carriles; la implementación de casetas de cobro; la introducción de fibra óptica en territorio yaqui; acueductos; gasoductos; poliductos de PEMEX; redes de alta tensión de la CFE; los derechos de paso que no dejaban ninguna ganancia a la tribu, y con ello comenzaron las protestas. De nuevo, los yaquis se levantaban y mostraban su inconformidad. En 2011 y 2012 organizan manifestaciones más grandes, ya que el gobierno anunciaba la construcción y operación del Acueducto Independencia para desviar la poca agua del río Yaqui a la ciudad de Hermosillo. Este momento fue un despertar para la tribu yaqui, su río los convocó de nuevo como lo ha hecho en su historia. Y en esta lucha y despertar las autoridades tradicionales comenzaron a imaginar un espacio de aprendizaje donde se fortaleciera su identidad, su lengua, su historia, sus tradiciones.
Así nace la escuela autónoma Sewa Tomteme, dedicada al fortalecimiento de la cultura yaqui y al diseño de estrategias de comunicación, por lo que también abrió la radio comunitaria Namakasia Radio, que hasta el día de hoy es un espacio formativo en la comunidad. Ya son nueve años que se sostiene gracias al apoyo de familias yaquis y de algunas organizaciones no gubernamentales.