PALESTINA: PALABRAS PARA MI MUERTE / 352
Hubiera sido feliz de morir como una mártir, pero no de la manera en que ahora veo morir a la gente, y temo que, bajo toneladas de escombros siga yo viva, con la ceniza y el polvo posados en mi cuerpo y, si muero, temo que mi cuerpo quede atrapado en una grieta que nadie verá; tengo miedo de que mi cuerpo se descomponga en el aire, y la gente me respire, buscando una fuente de aire fresco ese día, y no perciba el almizclado aroma de mi martirio; me da miedo morir en los días que corren y mis amigos no tengan más que decir “Dios se apiade de ella” y llorar menos de una hora, cuando el miedo a la guerra y los mísiles volando alrededor les hagan pensar que esta vez no van a librarla, mientras esperan turno para morir; temo que mis amigos no encuentren mi nombre entre los de los mártires porque son tantos; temo que no consigan señal de Internet, así que no podrán publicar alguna ridícula historia en Instagram, llorando al apuntar mi nombre y tal vez mi número entre los de los mártires, y añadan plegarias que copiaron de Google; tengo miedo de que la noticia de mi muerte llegue a la gente una semana después, si no es que más, y uno de mis más grandes temores es ser enterrada entre gente sin identificar en una fosa común repleta con cien o doscientas personas que no conozco, con las que nunca tuve contacto en vida pero a quienes la muerte reunió en una misma sepultura; temo que la gente no halle mis restos pues no habrá tumba que visitar; tengo miedo de que me levanten junto con las piedras voladoras, que mis restos queden esparcidos entre las casas vecinas y sus pobladores se sorprendan, y mis familiares y quien quiera que dé con ellos juntarán mis pedazos como en un rompecabezas difícil; estómago y tripas en medio / la cabeza arriba / los pies abajo / las extremidades (si aún existen) distribuidas en las orillas del rompecabezas, y recitarán la Faitha para mi alma ausente; oh Dios, no me asusta morir ni convertirme en huésped Tuyo, pues eres el anfitrión más generoso entre los generosos, pero sí temo que mi nombre no llegue a las lápidas; tengo miedo de morir una muerte tal que mi familia no me pueda hacer un funeral, o no tenga tiempo de recitar mi Faitha porque hay tantos amigos amontonados en las listas que no me verán en mi mortaja para despedirme con un beso en la frente, y que no estén en condiciones de derramar una sola lágrima.
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Asmaa Dwaima, poeta y dentista de Gaza. Desde octubre de 2023, cuando se desató el genocidio de Israel, ha sufrido varios desplazamientos. Recientemente logró migrar al Reino Unido, donde cursa un posgrado en salud pública en el Imperial College de Londres. Menan Salih, editor de ArabLit, donde ha sido publicada más de una vez, considera que su trabajo “rinde testimonio de la persistente fuerza de su pueblo”. Este poema se lee como “una inquietante reflexión bajo la brutalidad de las bombas. Aquí, Dwaima traza el expansivo miedo a algo más aterrador que la muerte: la imposibilidad de ser llorado con propiedad”.
Traducido al inglés por ArabLit Collective (ArabLit). Versión en castellano: Hermann Bellinghausen