ENCUENTRO ZAPATISTA Y VIAJE ANUNCIADO A LA CDMX
Agosto de 2026, Caracol de Morelia, Chiapas. Los zapatistas viajarán a la Ciudad de México en diciembre de este ano. Uno de los principales objetivos que compartió el subcomandante insurgente Moisés del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el pasado 9 de agosto durante el Encuentro de Arte y Resistencias de esta comunidad, “es reunirnos con los colectivos y colectivas de Buscadoras y Buscadores. No sólo para escucharles y convertirnos en eco de su demanda de verdad y justicia. También para entregarles el abrazo colectivo de los pueblos y comunidades zapatistas. Y, con ese abrazo, tratar de hacerles saber al menos un poco de lo mucho que les admiramos, respetamos y queremos”.
La sorpresiva y contundente iniciativa política zapatista de enviar a la capital a miles de indígenas zapatistas resuena en la memoria política nacional de septiembre de 1997 cuando el EZLN envió a 1,111 delegados que marcharon desde Chiapas hasta el Zócalo de la capital para exigir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Sakamchén de los Pobres y presenciar la fundación del Congreso Nacional Indígena que este mes está cumpliendo ya su treinta aniversario. Las mañanas comienzan por la madrugada y con el sonar del fuego devorando los leños en los fogones de las cocinas asignadas a los diferentes caracoles de las zonas autónomas zapatistas. Las bases de apoyo de este ejército insurgente vienen a instalar sus campamentos para quedarse en comisiones por los casi quince días que dura el encuentro que lo mismo alberga a miembros de colectivos que presentan música, lectura de poesía o alguna intervención y análisis sobre alguna experiencia política.
Las jóvenas y jóvenes zapatistas desplegaron su obra de teatro sobre lo que, desde diciembre de 2024, la Comisión Sexta del EZLN denomina el “común” ante el eventual colapso capitalista. Aquí es notable que no sólo el teatro, como una expresión popular para la liberación, se articula con miembros de varias regiones autónomas con efectividad. “Estamos dispuestos a convocar a un mitin frente a la Secretaría de Gobernación federal, e invitar a todas las personas que hayan contribuido de alguna forma a hacer realidad el abrazo zapatista a quienes buscan verdad y justicia”, espeta el vocero zapatista, al tiempo que hombres, mujeres y niños escuchan atentamente, unos bajo la sombra del auditorio multiusos y otros bajo el sol de este caluroso verano. Se trata de un proceso no sólo de intercambio de experiencias artísticas, sino que fundamentalmente de un proceso que se encarga de continuar reforzando la politización de mujeres y hombres jóvenes.
El tiempo en esta comunidad rebelde se sucede a través de un tiempo-otro que no es el capitalista. En el espacio de la celebración nocturna y el disfrute, el tema de cada reunión vespertina que el subcomandante Moisés destaca: “el común y la no propiedad”. Y es que en esta región que era parte de la franja finquera que se desplegaba hacia la Selva Lacandona hasta entrada ya la década de 1970, existían familias ladinas de la oligarquía terrateniente que habían establecido sus fincas con trabajo explotado de peones acasillados: Kanter Urrutia, Castellanos Domínguez, Aguilar y Solórzano, por mencionar sólo unas cuantas. De ahí que la zona aledaña a este caracol zapatista es tierra recuperada gracias a la rebelión indígena de 1994.
Y es que el proceso de expansión del capital neoliberal con la modificación del artículo 27 constitucional en 1991 del gobierno de Carlos Salinas de Gortari para la compra-venta de la tierra “nos ha individualizado”, y por eso ahora —expresa Moisés— nosotros nos vamos por “el común y la no propiedad”. En dichos procesos de mercantilización de la tierra e incluso por la penetración de los partidos políticos y sus proyectos clientelares, “la tierra está pedaceada, algo que hace 50 años era en común, el potrero comunal, el común cafetal”, expresó el jefe rebelde.
La estrategia, para el vocero rebelde de origen tseltal, destaca en continuar el diálogo con indígenas de otros partidos políticos (PRI, Verde Ecologista, Morena) pues cuando es necesario defender la tierra por alguna invasión, “sí se unen”. De ahí, el trabajo político a profundizar en las regiones diversas de la geografía de Los Altos y Selva Lacandona supone regresar a esas costumbres en común de las poblaciones campesinas e indígenas.
Se trata de un esfuerzo de largo aliento. Como comenta Moisés, “este proyecto es como de un niño de un año” con respecto a los 118 años en los que el esfuerzo de autonomía indígena intenta consolidarse ante las embestidas de un capitalismo salvaje que continúa bajo la expansión neoliberal con la forma también del crimen organizado, la trata de migrantes y del narcotráfico. Es indudablemente un esfuerzo que no traerá resultados en el corto plazo, pero que promete un salto en la consciencia y práctica de una cultura política que privilegia la vida sobre la mercancía y el mercado capitalista.
Pero los primeros frutos ya están comenzando a crecer: si en las últimas dos décadas, hombres y mujeres de Chiapas han salido a trabajar a otras regiones e incluso emigraron a Estados Unidos, “algunos de los que se han dejado la lucha, hoy se están regresando por el común, se salieron, dieron la vuelta a caminar pensando que se puede hacer y volvieron a caer. Aunque te resignas, no hay para donde. O luchas o te huyes”.
Este movimiento zapatista que ahora desplegará la “Gira por la Vida-Capítulo México” y que hace resonancia a ese recorrido que entre junio y septiembre de 2021 hizo viajar a dos delegaciones zapatistas por varios países de Europa, recuerda que el movimiento social con mayor legitimidad y cuya exigencia de justicia por los más de 135 mil desaparecidos sigue siendo una herida abierta y dolorosa a lo largo y ancho no sólo de miles de familias mexicanas, sino también centroamericanas. El viaje de las y los delegados mayas zapatistas al corazón político de México representa —como lo fue la visita del Delegado Zero (subcomandante Marcos) hace 20 años— una importante oportunidad para escuchar el grito de dignidad de Buscadoras y Buscadores a quienes les han arrebatado algún ser querido en las casi infinitas geografías de los dolores y las resistencias.