FORO SOCIAL PAN-AMAZÓNICO EN EL PUYO, ECUADOR
NO HAY QUE ESPERAR LA VOLUNTAD DE LOS GOBIERNOS: HAGAMOS VALER NUESTRA AUTODETERMINACIÓN
El Puyo, Ecuador, 20 de agosto de 2026. En 1541, una expedición de exploradores, parte del ejército invasor español en lo que se ha dado en llamar Abya Yala, el continente americano, trepó los Andes desde Guayaquil a Quito y luego atravesó bajando hacia el este hasta topar con el río más caudaloso del mundo, ése que hoy es llamado río Amazonas. El comandante de esa expedición, Francisco de Orellana, a como se estila redactar las crónicas, pasó a ser “el descubridor de ese río”, porque logró recorrer sus 6 mil kilómetros hasta dar con el océano Atlántico.
Sin duda los 59 hombres de su tripulación (aunque no todos llegaron al mar) fueron los primeros europeos en constatar la magnificencia de la diversidad de ese río y de esa amalgama vegetal, animal y humana que había logrado un capelo de convivencia y un equilibrio por siglos antes de la aparición de los ibéricos. Para sus habitantes el Amazonas y su territorio han sido la vida misma. Cuatrocientos ochenta y cinco años después, en una de las puertas de esa región, en el Puyo, Ecuador, cerca de donde cruzó Orellana hacia abajo, se reunieron unas 2 mil 500 personas de los nueve países que configuran la región completa (Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil, Guyana, Surinam y la Guayana francesa), para discutir, precisamente, el fondo de esas expediciones: la exploración, la invasión y la “conquista” que siguen ocurriendo.
Por eso exigen la reivindicación de la existencia, la presencia, y como tal la autodeterminación de todas las tribus, pueblos, comunidades que, vistas por los invasores, eran simples figuras en un paisaje. “Tierras baldías”, les llamaban a sus territorios, porque no les importaba nada en su búsqueda del País de la Canela, de El Dorado, ese ser de oro que gobernaba el mundo y más allá, según las supersticiones y consejas de los españoles.
Pero para decirlo parafraseando a Antonio Machado, “los ojos que ves no son ojos porque los ves sino que son ojos porque te miran”. En el reconocimiento de cada una de esas miradas que configuran el mundo estaría anclado el respeto necesario para tejer ese “capelo de convivencia” del que hablamos. Para reivindicar esta idea ocurrió la reunión de este duodécimo Foro Social Pan-Amazónico.
La desgracia es que en esos 485 años ha ocurrido lo contrario. Los invasores destruyeron y destruyen la selva, los Andes y todo territorio que pisan, para arrancarle sus supuestas riquezas, sin mirar siquiera los ojos que los miran.
La reunión de Puyo de hace unos días, en cambio, fue una reunión para reivindicar sus territorios, para exigir respeto por su existencia, su identidad y sus modos de vida, y para que cancelen por completo los proyectos de extracción, despojo y devastación que han llevado a cabo durante esos mismos años.
El foro, encuentro de miles de voces, es sobre todo la reafirmación de la propia autonomía. Por eso en la Declaración de Puyuk, emitida el 20 de agosto de 2026 la gente reunida en el XII Foro Social Pan-Amazónico (FOSPA), declaró:
Los Pueblos y Naciones Indígenas afirmamos que somos preexistentes a la creación de los Estados. Desde tiempos ancestrales hemos habitado, gobernado y protegido nuestros territorios, ejerciendo nuestras formas de gobierno, conocimientos y vida. Nuestros derechos colectivos, territoriales y de libre determinación no nacen del reconocimiento de los Estados, sino de nuestra existencia como pueblos. La Amazonía es un territorio vivo fundamental para la biodiversidad y para el equilibrio climático del planeta.
Sin embargo, hoy nuestros territorios enfrentan amenazas cada vez más graves por el avance del extractivismo, la extracción de minerales, la explotación petrolera, la agroindustria, el narcotráfico, las economías ilegales, la expansión de carreteras y proyectos hidroeléctricos, la deforestación, los impactos del cambio climático y sus falsas soluciones, acercando a la Amazonía a un punto de no retorno. Frente a esta realidad, declaramos a la Amazonía en estado de emergencia como medida de protección y prevención del punto de no retorno. Esto requiere garantizar nuestros derechos y fortalecer nuestros autogobiernos, economías propias, la defensa de los territorios, una transición justa basada en nuestros sistemas de conocimiento, además de garantizar la reparación y restauración integral de nuestros territorios cuando han sido dañados o afectados. Defendemos la cultura, desarrollamos la memoria y reivindicamos las ancestralidades de nuestros pueblos. Entregamos al XII FOSPA el Mandato de los Pueblos y Naciones Indígenas en Puyuk 2026 como expresión de nuestras prioridades, demandas y propuestas para la Cuenca Amazónica, y llamamos a que sea asumido en sus agendas y acciones.
Los Pueblos originarios que vivimos en contacto con la tierra debemos fortalecer la memoria y la sabiduría de la vida, Kawsak Sacha, Selva Viviente. Llamamos a unificar un solo frente y sostener que el territorio es un ser vivo, Kawsak Sacha, por lo que exigimos a los gobiernos, a los organismos multilaterales y a las Naciones Unidas garantizar estos derechos.
Al foro asistieron organizaciones indígenas, afrodescendientes, campesinas, feministas y juveniles y activistas de diversos tipos, incluidos académicos, que denunciaron el “modelo capitalista de desarrollo hegemónico, basado en la mercantilización y apropiación de la naturaleza y los bienes comunes”. En particular, el Foro rechazó el mercado de carbono y los “bonos jaguar” y otras “falsas soluciones” a la crisis climática causada por “la quema de combustibles fósiles” y “extracción minera”.
Al XII Foro Social Pan-Amazónico lo configuraron cuatro Casas temáticas, espacios de análisis, debate y construcción de propuestas regionales: Casa de Territorios Libres de Extractivismo para una Amazonía con Derechos; Casa de la Soberanía y Libre Determinación de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas; Casa de Economías para la Vida y la Justicia Climática, de la Deuda y el Extractivismo a la Transición y Economías Transformadoras, y Casa de la Resistencia de Mujeres y Diversidades.
El Foro funcionó con diversos talleres, foros, encuentros y mesas que dieron presencia a los asuntos más candentes como la mesa antiminería, el foro en defensa de los derechos de la Naturaleza. La mesa contra el extractivismo, el taller para analizar la ganadería industrial, espacios de mujeres y diversidad de género, encuentros de jóvenes, presentaciones de libros y talleres de construcción colectiva del saber. Todo esto creó un ambiente de celebración y conversaciones durante prácticamente cinco días de trabajo permanente. En el foro quedó claro que estamos en un momento donde la violencia ha penetrado los filamentos más finos del tramado de los humanos y en su documento lo dejaron muy en claro:
Nosotros, los pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades campesinas de la cuenca amazónica, denunciamos que el crimen organizado —narcotráfico, minería ilegal, tala ilegal, tráfico de vida silvestre, trata de personas, contrabando y lavado de dinero— ejerce un control territorial creciente sobre nuestra región, vinculado al extractivismo, actores estatales, empresas, entidades financieras, mercados internacionales y falsas soluciones que ocultan quién financia y se beneficia, mientras la violencia y la criminalización azotan a nuestros pueblos. Nos enfrentamos a una crisis humanitaria y a un aumento sostenido de la violencia, que perjudica especialmente a mujeres, ninas, ninos y jóvenes. Rechazamos tanto la expansión del crimen organizado como el extractivismo que lo alimenta, así como la militarización estatal, que no desmantela las estructuras criminales ni devuelve territorio a nuestros pueblos.
Uno de los puntos nodales del Foro fue exigir el cumplimiento de la consulta celebrada el 20 de agosto de 2023, cuando 58.95 por ciento de la población respaldó mantener bajo el subsuelo el crudo del Bloque 43-ITT, ubicado en el área del Yasuní, indefinidamente. Lo grave es que en el bloque se sigue extrayendo petróleo. Tanto, que entre enero y junio de 2026 se extrajeron en promedio 42 mil 105 barriles diarios, según los datos que brindaron las organizaciones. El mismo 20 de agosto se conmemoraron tres anos del incumplimiento de los resultados de la consulta, por lo que Juan Bal, presidente de la Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE), declaró que “la falta de ejecución del mandato popular no constituye únicamente un problema ambiental, sino que también genera impactos sociales, enfermedades, conflictos territoriales y riesgos para los pueblos indígenas en aislamiento voluntario”. Además de las 12 exigencias a la Gobernación “para exigir el respeto a la voluntad expresada en las urnas”, Juan Bal recordó que también la Corte Interamericana de Derechos Humanos “ha ratificado la obligación del Estado ecuatoriano de avanzar en el cierre del Bloque 43-ITT”.
Según Anamaría Varea, una presencia importante en el acompañamiento y entendimiento de la realidad amazónica, “en la Amazonía se encuentra el bosque tropical continuo más grande del planeta. Esta región abarca más de 7 millones de km2. Funciona como un sistema ecológico interdependiente donde los ríos, los suelos, la atmósfera operan como una sola unidad biogeográfica. Almacena miles de millones de toneladas de carbono, regula la humedad continental y sostiene una biodiversidad sin equivalente, con decenas de miles de especies vegetales y animales, muchas aún no descritas. La Amazonía muestra signos de estrés ecológico severo —pérdida acelerada de cobertura forestal, contaminación de ríos por metales pesados, incendios frecuentes y sequías prolongadas— que comprometen su capacidad de regulación climática”.
Y en la región del Puyo, desde donde operan muchas de las compañías que penetran la Amazonía por diversos motivos, y desde donde salen servicios aéreos o terrestres y fluviales para el interior de la selva, pueden verse aún los signos del metabolismo primordial del agua, que va de los páramos en la alta montaña con su vegetación acolchonada que captura el agua de las nubes y la introduce al suelo por la roca, bajándola poco a poco para comenzar a aflorarla en ojos de agua, cascadas y escorrentías que dan lugar a arroyitos y arroyos, lo que va humedeciendo los recodos y creando acequias y lagunitas conforme desciende a los ríos que se funden con otros para lograr los torrentes tan caudalosos como el Napo, el Negro y finalmente el Amazonas.
En toda esta espalda continental de América del Sur, la presencia de una civilización de los cuidados ha logrado mantener la claridad y la entereza de seguir siendo autónomos hasta donde el conflicto con el capital lo ha permitido. Dicen en su declaración, reflejando el potente espacio de mujeres y diversidad de género que sesionó en el Foro: Sin cuidados, la vida no es posible, y somos nosotras quienes asumimos una carga desproporcionada debido a la distribución desigual del trabajo, la crisis climática y los roles tradicionales que limitan nuestro desarrollo personal y colectivo. Cuidamos de nuestras hijas, nuestros hijos, nuestras familias, nuestros ríos y la Madre Tierra, a menudo a costa de nuestro propio bienestar. No olvidemos que nuestros cuerpos son nuestro primer territorio de defensa y que no somos objetos de sacrificio ni de reproducción. Reivindicamos el valor de nuestro conocimiento ancestral para sanar del racismo y de toda forma de discriminación y violencia que nos perjudica, y reconocemos el papel de las parteras y mujeres sabias que nos conectan con nuestra ascendencia.
También fue importante la presencia de quienes rechazan los criaderos industriales de pollos, cerdos, ganado vacuno, caprino y hasta los criaderos de peces y camarones. ¿Cuáles pueden ser las respuestas a las tensiones entre la crianza industrial y la resistencia de las comunidades y pueblos indígenas? El taller arrojó un diagnóstico bastante detallado sobre los efectos de estas cárceles animales: pérdida de la biodiversidad por “las quemas de bosques y el avance de monocultivos como la soya, el maíz y otros destinados a la producción de balanceados que reducen drásticamente la presencia de fauna silvestre y de plantas medicinales, esenciales para la práctica de la medicina tradicional de varios pueblos indígenas y campesinos, a esto se suma la contaminación hídrica, la expulsión de poblaciones por la instalación de granjas industriales masivas”. Una de las principales reflexiones, de acuerdo al borrador de minuta elaborado por el taller sobre impactos de la crianza industrial, “fue que la crianza industrial de animales combina deforestación, contaminación, pérdida cultural y concentración económica, con efectos devastadores en comunidades indígenas y amazónicas. Sin embargo, la persistencia de procesos organizativos y la articulación regional ofrecen un horizonte de esperanza… [por tanto] se debe promocionar alternativas agroecológicas y comunitarias, que fortalezcan la soberanía alimentaria y reduzcan la dependencia de cadenas globales de consumo”.
En el FOSPA operó también un taller y campamento para jóvenes que sesionaron y que también hicieron oír su palabra tras un espacio para conversar sobre la construcción colectiva del saber y las alternativas a la formación convencional.
La Amazonía no es un recurso ni una frontera por conquistar: es la casa viva donde los ríos, los bosques, los animales y los pueblos se sostienen unos a otros. Nosotras y nosotros, juventudes de la Pan-Amazonía, somos parte de esa misma trama. Nacimos del territorio, aprendimos a nombrar el mundo en las lenguas de nuestros pueblos y le debemos a la selva la palabra que hoy levantamos. Defender los territorios vivos de la Pan-Amazonía es defender la vida donde los pueblos coexistimos. Vivimos un momento crítico de nuestra historia, y por eso el FOSPA importa: es el espacio que nos permite encontrarnos, dialogar entre generaciones y entre pueblos, y convertir la urgencia en propuesta común en lugar de aislamiento. Durante siglos, nuestros pueblos han resistido y han ensenado que otra forma de habitar la Tierra es posible, una que escucha al río antes de represarlo y que cuida el territorio viviente. Recibimos esa herencia y la hacemos nuestra. No pedimos permiso para existir en los espacios donde se decide sobre nuestros territorios: ocupamos ese lugar con voz propia, con memoria y con futuro. Las juventudes tomamos el relevo: estamos aquí y ahora, pese a nuestros gobiernos, pese a quienes prefieren vernos migrar antes que escucharnos. La participación de las juventudes no es un adorno de los discursos: es la condición para que la vida continúe.
Elizabeth Bravo, prominente investigadora e integrante de Acción Ecológica, Ecuador, expresó: “Esta mágica región del mundo con la mayor densidad de ríos y seres vivos, hogar de cientos de pueblos que han evolucionado con estos bosques —la Amazonía—, ha sido destinada por el capitalismo a convertirse en zona de sacrificio. La explotación petrolera, el dragado de sus cuencas para extraer oro, la expansión de monocultivos de exportación, la ganadería... forman hoy parte de su paisaje. De ahí surge la necesidad de trabajar coordinadamente en su defensa”. La Declaración de Puyuk expresa:
Ante un contexto político tan adverso para el futuro de la Amazonía, los distintos pueblos reunidos en el XII FOSPA han decidido no esperar la voluntad de los gobiernos para el cumplimiento de sentencias y mandatos, sino hacer valer su autodeterminación y avanzar en procesos que garanticen la vida y protejan los derechos colectivos, humanos y de la naturaleza. El Foro es un proceso permanente de articulación y construcción colectiva que busca garantizar una participación amplia, efectiva y protagónica. El XII FOSPA en Ecuador, construido a partir de una co-gobernanza de los pueblos amazónicos, es resultado de este proceso continuo. Sin embargo, este proceso no es concluyente y aún queda mucho trabajo por delante para garantizar una gobernanza participativa y efectiva.