Hongos curativos — letraese letra ese

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Hongos curativos


“La carne de los dioses” es el nombre que le dieron los ancestros nahuas a aquellos pequeños hongos recogidos en las zonas de humedad de los bosques y las selvas, y que, contrario a su escaso tamaño, su capacidad de engrandecer las experiencias sensoriales y la percepción sensitiva es notable. Desde tiempos ancestrales, los teonanacatl y otras especies de hongos eran valoradas y usadas con un gran respeto por quienes se encargaban de los vínculos entre los seres humanos y los dioses en los pueblos mesoamericanos.

Esta capacidad de diálogo extrasensitivo era posible gracias a la presencia de psilocibina y psilocina en los hongos. Ambas sustancias tienen la cualidad de provocar alucinaciones referentes a la percepción alterada del espacio o visiones, sonidos, olores o sensaciones de tacto. Por eso, se ha considerado a dichas sustancias como psicodélicas o psicoactivas.

Si bien su conocimiento es inmemorial en muchas partes del mundo, debido a la existencia de alrededor de 250 especies alrededor del globo terráqueo, en el caso particular de México, muchas de las culturas que habitan en su territorio están familiarizadas con los hongos, como consecuencia de la presencia de más de 50 especies en los diferentes ecosistemas del país, por lo que el vínculo con ellos ha sido constante y longevo.

En la época contemporánea, el auge del uso de los hongos para experiencias extrasensoriales fue provocado, en parte, por el descubrimiento de María Sabina, indígena mazateca experta en el uso de éstos, y a cuyo alrededor existen muchas leyendas, entre ellas, la de llamar a los hongos como “mis niños” y la de haber recibido a múltiples celebridades para una experiencia lúdica con los mismos.

“Pajarito”, “Derrumbes”, “San Isidro”, “Matamoscas”, “hongos mágicos”, entre otros motes, son los que reciben estos integrantes del reino fungi, por cuyos efectos se ha abierto un debate reciente en torno a su uso, no sólo con fines rituales o lúdicos, sino con la posibilidad de una utilización terapéutica de dosis controladas en ciertos casos de alteración de la salud mental o emocional.

 

Compuestos como la psilocina y la psilocibina están demostrando beneficios terapéuticos en afecciones mentales como la depresión. Sin embargo, el hecho de que su producción y comercialización sean ilegales limita los estudios científicos que demostrarían (o descartarían) su eficacia.

 

Uso terapéutico

La reducción de síntomas depresivos mediante el uso de dosis controladas de psilocibina o psilocina es una de las hipótesis planteadas desde el campo de la psiquiatría como alternativa al tratamiento de uno de los mayores problemas de salud mental del siglo XXI. Actualmente se registran más de 280 millones de casos de depresión alrededor del mundo y es el principal motivo de suicidios a escala global, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Al respecto, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, donde se encuentra el Centro para la Investigación de Alucinógenos y la Conciencia, han publicado diversos estudios en la materia en revistas científicas de alto impacto, asegurando que “el tratamiento con psilocibina conjuntamente con apoyo psicológico reducía la ansiedad existencial y la depresión en las personas con un diagnóstico de cáncer potencialmente mortal”. Además de asegurar que “la magnitud del efecto que observamos fue casi cuatro veces mayor de lo que los estudios clínicos han demostrado utilizando los antidepresivos convencionales en el mercado”. Por lo tanto, para el grupo de especialistas, los resultados de estudios con el psicoactivo natural podrían “cambiar las reglas del juego”, ya que los medicamentos utilizados para el tratamiento de la depresión tardan semanas o meses en funcionar y pueden tener efectos indeseables.

A finales de 2022, en el New England Journal of Medicine y en la revista de la Asociación Médica Americana se publicó un estudio sobre el uso experimental de la psilocibina en personas diagnosticadas con depresión severa en 22 países de Europa, Canadá y Estados Unidos, a las cuales se les suministraron 25 miligramos de la sustancia en dosis única. El monitoreo arrojó que las y los participantes experimentaron efectos psicodélicos de entre seis y ocho horas. Por esa razón, se les mantuvo en una sala para proporcionar apoyo psicológico, pero, posteriormente, mostraron una mejora significativa en cuanto a los síntomas depresivos. Actualmente, la investigación se encuentra en la fase III.

De acuerdo con el equipo de investigación, estos resultados son prometedores para las personas con depresión severa debido a la apertura a nuevas opciones terapéuticas de rápida acción. Sin embargo, se requieren más estudios, de corte comparativo, con tratamientos ya aprobados a fin de corroborar la eficacia y la eficiencia, así como la seguridad con el uso del componente.

Además de la falta de mayor evidencia científica en la materia, otro gran reto es el aspecto judicial, debido a que en muchos países la sustancia activa es considerada como una droga ilegal, dificultándose las posibilidades de investigación con la misma y su uso, compra y venta, la importación y la exportación de productos con el componente, el cultivo y la recolección de los hongos, entre otros aspectos.

Iniciativa en México

En noviembre pasado, la senadora Alejandra Lagunes presentó una iniciativa ante el pleno del Senado de la República para eliminar los obstáculos que inhiben la investigación y acceso a los enteógenos, sustentada en el respeto y el reconocimiento de los saberes de las poblaciones indígenas, entre ellos, el del manejo y la utilización de los hongos alucinógenos o psilocibes.

Como parte de los cambios propuestos, se pide derogar de la Ley General de Salud (LGS) la fracción prohibitiva del artículo 245 referente a la “psilocibina /hongos alucinantes de cualquier variedad botánica, en especial las especies psilocybe mexicana, stopharia cubensis y conocybe, y sus principios activos” e incorporar a la misma la posibilidad del uso y manejo de enteógenos; incorporar a las comunidades indígenas en dichas actividades; el impulso, la conservación, la difusión y el fomento a la medicina tradicional indígena; fomentar la investigación y enseñanza con medicinas ancestrales y prácticas tradicionales, así como la investigación y enseñanza destinada a la bioconservación de las medicinas ancestrales y los sistemas de salud indígenas y la recolección de los hongos con sustancias psicoactivas.

También se busca “favorecer la investigación que garantice el acceso a las terapias innovadoras y permita el uso compasivo de las sustancias sometidas a control y vigilancia”. Así como la incorporación a la LGS de un capítulo referente a los hongos psilocibes en todas sus variedades y especies para establecer que “toda persona tiene derecho a disfrutar del más alto nivel posible de salud y bienestar a través del acceso a prácticas terapéuticas, individuales o grupales, en las que se utilicen hongos psilocibes”, regular la posibilidad de acceso a dichas terapias; establecer los requisitos para quienes deseen manejar dichas sustancias con fines terapéuticos y limitar su uso en actividades como la mezcla con productos sintéticos.

La propuesta también incluye una modificación al artículo 198 del Código Penal Federal para indicar que “la siembra, cultivo o cosecha de plantas de hongos psilocibes no será punible” siempre y cuando sea para uso terapéutico.

Por ahora la iniciativa se encuentra en estudio en las Comisiones Unidas de Salud y de Estudios Legislativos, en espera de aprobación para su posterior discusión en el pleno.

 

El mayor reto para el uso terapéutico de la psilocibina está en la criminalización del uso de los hongos alucinógenos en casi todos los países del mundo.

 

Otras experiencias

En 2020, por medio de un plebiscito, la población del estado de Oregon legalizó la terapia con psilocibina, convirtiéndose en el primer territorio de Estados Unidos en hacerlo. La medida entró en vigor en enero del año pasado, permitiendo que los servicios públicos de salud cuenten con una unidad especializada en este tipo de terapias, así como la apertura de espacios privados con licencia. Además, se creó un programa de certificación en la materia para especialistas de la salud mental.

Intentos similares se han presentado en otros estados de la Unión Americana como California, donde el gobernador se negó a aprobar una iniciativa en la materia, por lo que sólo algunos condados han establecido algunas medidas para el uso del componente en su jurisdicción.

Australia fue el primer país que dio un paso en este tema al permitir en todo su territorio el consumo de medicamentos que contengan psilocibina, siempre que sean prescritos por “psiquiatras específicamente autorizados para el tratamiento de algunas dolencias de salud mental”.

Otras naciones como Suiza, Canadá e Israel han autorizado el uso compasivo de la sustancia, es decir, cuando la vida de un paciente o su calidad de vida están en peligro. En el caso canadiense, se han brindado algunas licencias específicas, y recientemente, el año pasado, la provincia de Alberta permitió un uso más generalizado. Se espera que en otras provincias ocurra lo mismo en próximas fechas.

A pesar de estos avances, aún surgen contradicciones como la autorización de acceso a los hongos o sus derivados, pero la prohibición de adquirirlos de forma legal.

 

El peligro de no regular

Para el caso de México, especialistas de la Facultad de Psicología de la UNAM han advertido sobre la urgencia de abordar la temática desde las perspectivas de la salud y de la legalidad, puesto que la oferta de estos productos es una realidad en el país, pero su situación de ilegalidad deriva en la falta de regulación y en posibles engaños por parte de quienes los venden.

El riesgo consiste en que las personas consuman una dosificación inadecuada y, en lugar de presentar una mejora, su situación empeore. Por eso, se requiere de una supervisión profesional y de la accesibilidad a medicamentos con el activo correctamente regulados, con las dosis adecuadas, sumado a la posibilidad de elaborar protocolos de investigación en el país que permitan conocer las formas en que estos psicoactivos podrían adaptarse a las realidades de las poblaciones mexicanas.

Un cambio de paradigma es como definirían las y los especialistas universitarios a esta nueva perspectiva con respecto al uso de la psilocibina con fines terapéuticos, ya que, científicamente está demostrado que con un correcto control de la dosis y una prescripción regulada, realmente se brinda un apoyo a quienes lo necesitan, sin necesariamente caer en una adicción. Esto arroja resultados benéficos que no ofrecen otros tipos de medicamentos actualmente comercializados para el tratamiento de la depresión y de la ansiedad.

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