125 años sin Wilde — letraese letra ese

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125 años sin Wilde


“Proceso escandaloso” fue el título de la nota con la que la prensa mexicana abordó el proceso judicial en contra del escritor irlandés Oscar Wilde en abril de 1895, cuando este fue enjuiciado como consecuencia de la publicación de una carta por parte del Marqués de Queensberry en la que acusa que el literato mantenía una relación inmoral con uno de sus hijos, lord Alfred Douglas.

De acuerdo con Daniar Chávez y José de Jesús Arenas, autores del artículo “Imagen y proceso penal de Oscar Wilde en la prensa mexicana decimonónica”, el seguimiento dado a la situación por parte de los rotativos nacionales tuvo un dejo amarillista, con un énfasis en el cambio de sentido del juicio, iniciado por el propio escritor para acusar de calumnia al marqués, pero que, su propio abogado y amigo de la infancia, Edward Carson, y jueces determinaron que lo señalado por el aristócrata era acertado y el autor de La importancia de llamarse Ernesto era culpable de sodomía.

Como parte de su recopilación de textos periodísticos, los autores ubicaron una crónica publicada en El Nacional, en la que se describía la manera en que vivía su encierro el escritor, destacando que “Oscar Wilde, cuyos largos cabellos de esteta han sido cortados al rape, está ahora vestido con un traje de lona burda; en el pecho tiene una flecha pintada, que se llama broad arrozo, signo distintivo de los convictos. Su celda, demasiado estrecha, tiene por único mueble una cama, o, mejor dicho, una tabla con cuatro patas y un cobertor. No hay colchón, y la almohada es de madera. A pocos pasos de la cama, un escabel”.

Notable

Hijo de William Wilde, autor del primer tratado de otorrinolaringología reconocido a escala mundial, y arqueólogo aficionado, y de Jane Wilde, escritora bajo el pseudónimo de Esperanza, sufragista y líder social, Oscar creció en Dublín, donde estudió en los más prestigiosos colegios, como el Trinity College, de donde egresaría para cursar estudios clásicos en la Universidad de Oxford.

A la par de su vida estudiantil, publicó algunos poemas y fue reconocido como el más prolífico de su generación, por lo que decidió establecerse en Londres para impulsar su carrera literaria, a través del montaje de sus obras y de la publicación de sus libros, pero también, de la generación de comentarios positivos sobre su trabajo y la obtención de apoyos económicos para la continuidad de estos.

Además de su talento literario, crónicas de la época lo describen como flamboyante, con un estilo de vida “curioso”, entre otras cosas, por tener una amplia colección de porcelana china, vestir de terciopelo, con corbatas coloridas y sombreros extravagantes.

Revolucionario

La vocación del arte debe ser la belleza por sí misma, liberado de los amarres sociales y de las lecturas académicas, fue la premisa con la que un grupo de artistas británicos fundó el movimiento esteticista, a finales del siglo XIX, con la finalidad de elaborar “delicias visuales y táctiles o poesía pura”.

Pero no sólo eso, sino también adoptaron la perspectiva de Teophile Gautier, quien señalaba que el arte ha de liberarse de cualquier preocupación de orden moral, utilitario o religioso, y no debe tener otro fin que él mismo, y en el caso de las letras, Wilde retomaría los preceptos de Charles Baudelaire de mezclar el amor sensual, la lujuria y la crueldad en sus diálogos teatrales, su prosa o sus poemas.

Además de encarnar una estética cotidiana, caracterizada por el uso del pelo largo y la ropa de terciopelo, él terminó convertido en el “esteta” por excelencia debido a sus constantes desavenencias con la moral de la época y al trastocamiento de ciertos temas, pues sus personajes se caracterizan por la búsqueda de sensaciones intensas o ser el espejo de algunas situaciones silenciadas por las buenas costumbres de la época.

Así ocurre en Una mujer sin importancia, donde cuestiona que por mantener un alto estatus social, un hombre abandona a la mujer que embarazó, dejándola a la deriva, y a expensas de la condena comunitaria, o El esposo ideal, pretexto para preguntar, a través de la dramaturgia, si de verdad el matrimonio es el ideal social.

Pero también se hizo notar por cuestionar la hipocresía de la sociedad, la doble moral de quienes dicen defender los valores incuestionables, las máscaras sociales, cuyo mejor ejemplo es La importancia de llamarse Ernesto; la desacralización del amor, como en Salomé, donde plantea el deseo de esta por Juan el Bautista, y la condena a él por negarse; el amor más libre y la libertad, expresado en De profundis, y la vida por la vida misma, como única manifestación del arte, y del placer hedonista, plasmado en El retrato de Dorian Gray, cuya trama refleja el posible precio a pagar por el eterno placer y juventud.

Con respecto al amor y a la libertad, escribiría en De profundis una larga carta dedicada a Bosie, seudónimo de Lord Alfred Douglas, mientras estaba en reclusión, que “muchas personas viven para el amor y la admiración, pero, más bien, es por el amor y por la admiración por lo que debemos vivir”.

Influencia en México

Lo más cerca que estuvo Oscar Wilde de México fue San Francisco, California, o alguna localidad de Colorado, pues su visita al México porfirista de 1882, cuando viajó a Estados Unidos para impartir una serie de conferencias en Nueva York y otras ciudades no se fraguó, y el escritor jamás pisó territorio mexicano, donde, en la época en que estuvo vivo, se había publicado su libro El retrato de Dorian Gray, y en la Revista Moderna, cuna del modernismo literario mexicano, se tradujo Balada de la cárcel de Reading, en 1898, un año después de su publicación en Europa.

Algunos intelectuales de la época como Irineo Paz desdeñarían su propuesta estética al calificarla de ridícula, pero otros como Justo Sierra, considerarían que tenía “la facultad de percibir lo bello”. Mas serían los escritores modernistas mexicanos quienes traducirían y harían referencia a su obra después de su muerte.

Tragedia

El mencionado juicio y su encarcelamiento provocarían una debacle en su ascendente carrera literaria y social, pues, si bien era polémico, sus textos despertaban interés en varios círculos, y a nivel personal cumplía con los dictados de la época, ya que, contrajo matrimonio con Constance Lloyd, hija de un notable abogado, con quien tuvo dos hijos, pero tras el escándalo, rompió definitivamente el vínculo con Wilde y modificó el apellido de sus descendientes para evitar una asociación directa con su padre.

Al paso del tiempo, el único nieto vivo de Wilde, Merlin Holland, autor del recién publicado libro Después de Oscar, el legado de un escándalo, ha compartido parte de los archivos familiares para explicar la manera en que este suceso perjudicó a su familia, en especial, por la negativa de las autoridades británicas para permitir al escritor reunirse con sus hijos tras la muerte de su madre, en 1898, optando por enviarlos a un orfanatorio, y por la presión social de la época para evitar que Constance se volviera a reunir con él.

Bajo el nombre de Sebastián Melmoth, sumido en la miseria económica en un hotel de París, pues después de su encarcelamiento, la publicación de sus libros representaba un riesgo para las editoriales, convertido al catolicismo, en noviembre de 1900, fallece el revolucionario escritor, quien sería indultado por el gobierno británico décadas después como un acto de justicia tardía.

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