Supergripe: Influenza AH3N2
En medio de olas de frío y cambios bruscos de temperatura, se han detectado múltiples casos de una variante de la influenza en varias partes del mundo, a la cual se le ha denominado popularmente como “supergripe”, debido a sus altos niveles de transmisión y de diseminación.
Al respecto, el pasado 4 de diciembre, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó sobre un aumento de la circulación a nivel global del virus de influenza A (H3N2) subclado K, con la finalidad de que en las diferentes regiones se fortalezcan los sistemas de vigilancia del virus y promuevan la vacunación.
De acuerdo con el organismo, si bien durante la temporada invernal se incrementa el número de personas que adquieren influenza, las autoridades sanitarias no han reportado cambios significativos en la gravedad clínica de quienes lo desarrollan, ni un número descontrolado de nuevas infecciones.
La influenza A H3N2 es un subtipo del virus influenza A, causante de infecciones respiratorias estacionales en las personas. Este subtipo de virus está compuesto por las proteínas hemaglutina tipo 3 y neuramidasa tipo 2, las cuales ayudan al virus a entrar en las células y propagarse. Este subtipo es una de las cepas más comunes de la gripe estacional.
Cuando se ha adquirido el virus pueden aparecer síntomas repentinos como fiebre elevada (de 38 a 40 grados centígrados), escalofríos, dolor de cabeza, muscular o articular intenso, cansancio extremo o debilidad. En caso de que la enfermedad evolucione, aparecen afecciones respiratorias como tos seca, dolor de garganta, congestión o escurrimiento nasal, estornudos y, en casos más graves, dificultad para respirar. En edad pediátrica, pueden presentarse síntomas como náuseas vómitos y diarrea.
Se requiere de atención médica inmediata cuando hay dificultad para respirar o respiración acelerada, dolor o presión en el pecho, labios o uñas azulados, fiebre alta que no cede o reaparece. El rechazo de líquidos o llanto sin lágrimas en edad pediátrica requiere atención de urgencia, ya que se incrementan los riesgos de deshidratación.
Las personas adultas mayores, menores de edad, mujeres gestantes o personas que viven con una enfermedad crónica no controlada tienen mayor riesgo de presencia de complicaciones.
Transmisión y diagnóstico
Este virus se adquiere al inhalar gotitas infectadas expulsadas por una persona al hablar, toser o estornudar; también al tener contacto con superficies contaminadas y después tocar áreas del cuerpo con mucosas como ojos, nariz o boca. Por ello convivir o tener contacto estrecho con una persona que desarrolló la infección, especialmente en lugares cerrados con poca ventilación, es un factor de riesgo.
Un especialista en medicina general puede hacer un diagnóstico clínico por medio de la sintomatología por lo que si se presenta una afección leve no se requiere una prueba, sin embargo, si se presentan complicaciones es importante un aprueba molecular para tener mayor precisión o una prueba rápida que permita diferenciar de una infección por Covid-19, neumonía, bronquitis o dengue, esta última en zonas endémicas.
Tratamiento
El tratamiento para este tipo de influenza depende de la gravedad y de la persona que lo desarrolla. La mayoría de las personas solo requieren tratamiento como reposo o hidratación adecuada para aliviar los síntomas, aunque, también, en algunos casos, pueden indicarse analgésicos, antinflamatorios y antipiréticos.
Los tratamientos farmacológicos antivirales solo se indican cuando las personas presentan síntomas moderados a graves de los grupos poblacionales más vulnerables a desarrollar complicaciones y son más efectivos si se toman dentro de las primeras 48 horas después del inicio de los síntomas. De ahí la importancia de recibir atención médica de forma temprana ya que se reduce la duración de la enfermedad, disminuye complicaciones y reduce el riesgo de hospitalizaciones.
Prevención
Vacunarse anualmente contra la influenza incluye protección contra la variante H3N2, por ello, es recomendable la inmunización en sectores de la población con mayor riesgo de complicaciones o en aquellas personas inmunocomprometidas, entre ellos, todas las niñas y niños entre seis meses y cinco años, personas de 60 o más años, y personas con factores de riesgo (diabetes, hipertensión, enfermedad renal crónica, obesidad, asma o con enfermedades que comprometan el sistema inmunológico).
Además de la vacunación, se requiere de un lavado de manos con frecuencia, el uso de cubrebocas si hay síntomas o molestias, cubrirse la nariz y la boca al toser o estornudar, quedarse en casa en caso de fiebre o síntomas y la ventilación de los espacios cerrados para disminuir el riesgo de contagio.