Estímulos alterados — letraese letra ese

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Estímulos alterados


“¡Ayúdame, güey!”, pedía con insistencia un hombre, parado junto al taxi que conducía, a su compañero de labores, en la Nochebuena de 2025. “No tienes nada”, le contestó el compañero, sin intentar ocultar el tedio en el tono de su voz. El hombre afectado, con el torso desnudo, sacudía y golpeaba con las manos su cabeza, pecho, espalda y brazos, con movimientos peculiarmente repetitivos. La escena quedó grabada en un video que, aparentemente, un tercer taxista capturó y subió a las redes sociales después de que aquel joven se volvió noticia debido a que, en las primeras horas del día de Navidad, estrelló su taxi en la Calzada San Antonio Abad, en la Ciudad de México. El auto volcó y él murió en el lugar del accidete.

Cuando la el suceso acaparó los titulares de noticias en la capital del país, salió a la luz un segundo video donde se observa al mismo hombre, esta vez solo, pero en la misma situación: sin camiseta, sacudiendo reiteradamente su torso, brazos y cabeza. Según algunos medios de comunicación, personas que atestiguaron los incidentes dijeron que el hombre decía tener “animales” por todo el cuerpo, y hacía esfuerzos frenéticos por quitárselos de encima.

Percepciones engañosas

Una posible explicación al cuadro que presentaba este joven es el síndrome de Ekbom, un trastorno psiquiátrico (poco frecuente) que consiste en la idea de tener la piel infestada por insectos o parásitos, sin que la persona presente ningún otro síntoma. Esta percepción puede ser física (sentir que algo camina o se arrastra por la piel) o mental, es decir, la persona cree que hay “algo vivo” que le provoca comezón o ardor en la piel como consecuencia de la infestación.

Quienes padecen este síndrome buscan ayuda (si es que lo hacen) con varios especialistas antes de que su trastorno sea identificado. Consultas de medicina general, dermatología o infectología se solicitan antes de cualquier valoración psiquiátrica, y muchas veces esta última especialidad es rechazada pues las personas están firmemente convencidas de que lo que tienen es una invasión de “bichos”.

 

Los delirios son ideas o creencias fijas e irreales, fuertemente arraigadas, que afectan la percepción del mundo, por ejemplo, cuando una persona está convencida de que su pareja le es infiel, o de que las vacunas son una forma de inocular masivamente dispositivos de espionaje.

 

El síndrome de Ekbom se encuentra entre una variedad de trastornos delirantes o trastornos psicóticos, cuyo común denominador es que la persona deja de estar en contacto con la realidad, ya sea temporal o permanentemente.

Los delirios son ideas o creencias fijas e irreales, fuertemente arraigadas, que afectan la percepción del mundo, por ejemplo, cuando alguien está convencido o convencida de que su pareja le es infiel, o de que las vacunas son en realidad una forma de inocular masivamente dispositivos de espionaje. Por otro lado, las alucinaciones son percepciones sensoriales falsas, como escuchar voces, ver figuras o personajes, sentir una mano que toca u oler un aroma que advierte que una persona se hace pasar por otra. Tanto los delirios como las alucinaciones generan respuestas a estímulos que no existen, pero que, para quien los experimenta, son reales.

Diversidad de causas

Los trastornos psicóticos tienen gran variedad de causas, por ello, es importante que las y los especialistas médicos logren identificarlas, para así dar un tratamiento adecuado. Algunas veces, estas falsas percepciones tienen una causa orgánica. Por ejemplo, el síndrome de Ekbom podría estar asociado con hipotiroidismo, anemia, deficiencia de vitamina B12, diabetes, infección por VIH o sífilis. Otros problemas psicóticos pueden deberse a enfermedades como tumores o infecciones en el cerebro, migraña, algunos trastornos hormonales o epilepsia del lóbulo frontal, en la cual, por ejemplo, las personas tienen alucinaciones olfativas (huelen cosas que no están ahí).

Las sustancias que se ingieren, sean legales o ilegales, también pueden desencadenar episodios o trastornos psicóticos. Es bien sabido que las drogas psicotrópicas como el alcohol, la cannabis, las anfetaminas o la cocaína causan episodios de alucinaciones o delirios que, muchas veces, terminan en las salas de urgencias de los hospitales. Además, algunos medicamentos son otra posible causa de una percepción alterada de la realidad; esto sucede principalmente con los opioides (usados para tratar el dolor), los anestésicos, los ansiolíticos o los sedantes.

Una tercera causa, quizás la que más dificultades encuentra para el diagnóstico, es la presencia de otras enfermedades psiquiátricas, tales como la esquizofrenia, la demencia (actualmente conocida como deterioro cognitivo), la ansiedad, las fobias y hasta la depresión.

Dolor fantasma

Un joven de 19 años llegó al hospital luego de tener un accidente en motocicleta, donde su pierna izquierda sufrió importantes lesiones que dañaron el sistema circulatorio y el tejido muscular. Fue sometido a varias cirugías para salvar la extremidad, pero finalmente se presentó una infección grave y fue necesario amputar la pierna por debajo de la rodilla. Seis horas después de la cirugía, el muchacho reportó dolor en el pie que le habían amputado.

A este trastorno se le llama “miembro fantasma doloroso”, MFD, y se presenta con cierta frecuencia. Algunos estudios científicos han documentado que aparece entre el 30 y hasta el 80 por ciento de los casos de amputación.

A pesar de retar a la lógica, el dolor en un miembro que ya no está en el cuerpo es real para quien lo padece, y termina por serlo también para el personal médico que se encuentra a cargo de estos procedimientos, ya que se hace necesario aliviar el sufrimiento de la persona.

Como es normal, se deben suministrar medicamentos analgésicos para el dolor propio de la cirugía (la herida en la zona donde estuvo la extremidad), pero estos, a veces, contribuyen a que la persona sienta que su necesidad está siendo atendida. Es en trastornos como el MDF donde se observa la verdadera relevancia que pueden tener la percepción y los procesos de la mente humana.

 

La principal dificultad para que una persona con algún trastorno delirante o psicótico reciba tratamiento es el estigma que pesa sobre los trastornos mentales, ya que "la locura" es percibida como un abismo en el que nadie quisiera caer.

 

La principal dificultad para que una persona con algún trastorno delirante o psicótico reciba tratamiento es el estigma que pesa sobre los trastornos mentales. Empezando por quien lo experimenta, no se suele pensar en algún problema psiquiátrico porque “la locura” se concibe como un abismo en el que nadie quisiera caer. No es raro que las personas se resistan a consultar a un especialista en psiquiatría, aun cuando el médico o la médica de primer contacto se lo recomiende.

Más allá del prejuicio, el temor o el estigma, hay que saber que los delirios y las alucinaciones no siempre son síntomas de un trastorno grave. Pueden ser desencadenados por una circunstancia específica, pueden durar pocas horas o días, o incluso desaparecer cuando se atiende alguna enfermedad física que las está provocando. Y aun cuando se mantengan por largos periodos de tiempo o si comienzan a interferir con la vida cotidiana, es importante identificar la causa específica para poder dar tratamiento adecuado a la condición.

Por otro lado, cabe destacar que las propias alteraciones de la percepción pueden ser detonantes de otros padecimientos mentales, como la ansiedad, o la depresión. Este sería el caso de una persona que escucha voces que le dicen que no vale la pena vivir, o de alguien que asegura sentir gusanos que se mueven bajo su piel, pero ningún especialista ha logrado diagnosticar lo que le pasa.

El tratamiento de los trastornos delirantes o psicóticos depende totalmente de la causa, y puede ir desde la terapia psicológica o asistencia a grupos de apoyo mutuo, hasta el consumo de medicamentos psiquiátricos. En el tema de la salud mental, la información es fundamental para identificar y, sobre todo, desestigmatizar estas condiciones; solo esto permitirá un manejo adecuado por parte del personal de salud y una práctica eficiente de autocuidado de todas las personas.

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