Libros prohibidos en Argentina
En noviembre de 2024, la Fundación Natalio Morelli presentó una denuncia en contra de Alberto Sileoni, ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires, por “la distribución en escuelas de textos que incluyen contenido sexual explícito y temáticas consideradas inapropiadas para estudiantes de entre 12 y 15 años”. Esta situación puso en entredicho la inclusión de algunos títulos en la Colección Identidades Bonaerenses, de la Dirección General de Cultura y Educación.
Entre estos textos están Las Primas, de Aurora Venturini; Cometierra, de Dolores Reyes, y Las aventuras de China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara, todos ellos publicados en este siglo, con una amplia recepción por parte de la crítica literaria, y producto del trabajo de escritoras galardonadas por algunas de las obras cuestionadas por la fundación demandante. Los libros se mantienen fuera de las escuelas hasta la fecha.
Las primas
La publicación más antigua es Las Primas, novela escrita por la ya fallecida Aurora Venturini, lanzada en 2007, narrada en primera persona por Yana, una joven con dislalia, una discapacidad menor relacionada con el lenguaje, a partir de la mirada de la discapacidad y de un sinfín de pormenores a los que se enfrentan las mujeres de su edad.
Ubicada fuera de la zona de Buenos Aires, en la periferia, el texto cobra forma del diario de Yana, quien va explicando lo que ocurre en su casa y con su familia, conformada en su mayoría por mujeres, pues los hombres las han abandonado al paso del tiempo.
Desde su propio punto de vista, interseccional, conjuntando al género, la discapacidad y el vivir en los suburbios, comparte el día a día con su hermana, sus tías, su abuela, y otras conocidas, expone una gran cantidad de dudas que le surgen al percibir cómo cambia su cuerpo y el de su hermana, la forma en que los hombres asimilan su existencia, el sentir en algunas partes de su cuerpo cosquilleos de deseo, enterarse de temas que antes no sabía, ser partícipe de pláticas de mujeres sobre sus sexualidades, sus frustraciones, las violencias padecidas y situaciones de alta complejidad como el embarazo no deseado y la interrupción de este.
Cometierra
La primera novela de Dolores Reyes es Cometierra. Narrada en primera persona, a partir de la visión y las experiencias de la protagonista homónima y su interpretación de las mismas, ofrece una lectura sobre el fenómeno de la violencia de género y la desaparición en la Argentina actual.
Se centra en la historia de una adolescente, quien únicamente vive con su hermano El Walter, en una barriada en los alrededores de Buenos Aires. Ella tiene un don: cuando come un puñado de tierra, tiene visiones. De esta forma puede hablar y obtener información que nadie sabe, pues ve acontecimientos pasadas.
Su devoción por comer tierra le provocó burlas en la escuela, donde las autoridades le reprendían por hacerlo y los estudiantes se mofaban de su actuar. Lo hacían hasta que La Ana, una mujer cercana al entorno escolar, desapareció y fue hallada en un punto señalado por la protagonista a través de un dibujo.
Cada grano de tierra ingerido por ella tenía un significado; desempolvaba algún suceso doloroso, ya fuera individual o colectivo; reflejaba injusticias perpetradas por un Estado carente de interés por resolver crímenes en contra de mujeres o encontrar a las personas desaparecidas, y de ahí, se planteó la pregunta de seguir o mejor tomar un camino en el que no se sepa con certeza el siguiente paso, pero que le ofreciera opciones de vida menos repletos de dolor y de injusticia.
Libros como Las Primas, de Aurora Venturini; Cometierra, de Dolores Reyes, y Las aventuras de China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara, aun habiendo gozado de una buena recepción por la crítica literaria, se mantienen fuera de las escuelas hasta la fecha.
China Iron
Las aventuras de China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara, fue galardonada con el premio Sor Juana Inés de la Cruz. La primera edición estuvo disponible en 2017 y ofrecía, en tres partes, una relectura del poema fundacional del género gauchesco, Martín Fierro, de José Hernández, altamente vanagloriado y valorado, y por más de un siglo, incuestionado.
La historia comienza en el desierto, por donde cruzan La China con Estreya, una perrita recién encontrada, y dos personas más, en busca de nuevos lugares para vivir, muy en el espíritu decimonónico de conquistar a la naturaleza.
Narrado en primera persona, ella se presenta como la China o Josephine Star Iron y Tararira, Star, en honor a su perrita, y Iron, como traducción de Fierro al inglés, el hombre a quien fue entregada por su padrastro a corta edad. Huérfana, criada por personas afrodescendientes, fue vendida a Fierro y a los 14 años ya tenía dos hijos. En sus cavilaciones, cuestiona la valentía de su marido debido a que su misión no fue heroica, sino producto de la leva, forzado a participar en las campañas en las pampas, sin un rol relevante.
En una especie de suerte, conoce a Elizabeth, una inglesa pelirroja quien le enseña cosas nuevas y con quien decide emprender la ruta para alejarse del sitio donde nació, creció y se reprodujo.
La China hace muchas descripciones, como cuando toma un baño con Elizabeth y Estreya en un río, y describe la anatomía de su amiga y compañera de viaje o el día en que le otorgó un nombre, pues ni nombre tenía, y así es como se convirtió en Josefina.
En algún momento de la travesía, la China decide cortarse el cabello y ponerse ropa de hombre y vive una experiencia trascendental, más allá de una amistad, con Liz, en la que siente cariño y afecto verdadero. Muy diferente a lo vivido con Fierro, a quien nunca amó ni sintió nada por él.
A lo largo de la obra, las protagonistas cuestionan los roles de masculinidad sobre los que se construyeron signos identitarios argentinos, poniéndolos en entredicho y cuestionando la cultura sustentada en la violencia.
Silenciadas
La censura no es gratuita, pues las novelas se ciñen a la literatura argentina contemporánea, que a diferencia de otras expresiones literarias de tradición, está caracterizada por el protagonismo de las mujeres, y sus tramas versan sobre el trauma del pasado dictatorial, la memoria falsa, los fantasmas y/o desaparecidos, el cuerpo, la preocupación por el lenguaje, el diálogo con los medios de comunicación, la civilibarbarie, y en muchos de los casos, expone una postura feminista ante el mundo.
Frente a un gobierno que se ha pronunciado abiertamente en contra de las cuestiones de género, con acciones como el cierre de las áreas de gobierno enfocadas a la atención de las mujeres y el impulso a la igualdad de género, se planta la nueva literatura argentina, colmada de autoras nacidas después de 1970, con una aguda crítica social sin precedentes, tomadora de los espacios editoriales independientes, alejada de los grandes sellos canónicos, por lo regular, perpetuadores de una visión patriarcal.
Una joven mujer que saca a la luz crímenes inauditos y resuelve la situación de desaparición y violencia machista; otra mujer juvenil que se enamora de su par femenino en el ambiente de las pampas, donde, en apariencia se requería de virilidad y fortaleza para sobrevivir, y , una joven pintora con discapacidad con dudas sobre su cuerpo y el ejercicio de su sexualidad son las nuevas mujeres censuradas, cuyas historias se prefiere ocultar, antes que continuar con este ejercicio de memoria y literatura encabezado por escritoras repletas de dudas sobre el correcto devenir del mundo y las nuevas formas de actuar en él.