La vagina y sus cambios — letraese letra ese

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La vagina y sus cambios


A partir de los 40 años, la anatomía de las mujeres se modifica tanto por cambios hormonales como por la disminución de sustancias y medidas corporales, situación que propicia que la estructura de la vagina se modifique significativamente, con un impacto en diferentes aspectos de la vida, incluyendo la sexualidad.

Esta situación se conoce como Atrofia Vulvovaginal (AVV), caracterizada por el adelgazamiento, sequedad e inflamación de las paredes vaginales, cuyo resultado es la presencia de alteraciones genitourinarias. Esta afección se produce con mayor frecuencia después de la menopausia, cuando hay una pérdida considerable de estrógenos como parte de una serie de procesos fisiológicos.

Causas

De acuerdo con Andrea R. Genazzani, médico especialista en ginecología y obstetricia, los estrógenos cumplen una función clave en la salud genital y, cuando estos se reducen, disminuye la producción de colágeno y del tejido adiposo en el monte de Venus y los labios mayores, además de que baja la producción de ácido hialurónico, molécula que permite la retención de agua.

Este escenario, señala el autor de múltiples artículos científicos sobre el tema, propicia que se adelgacen y se aplanen las paredes vaginales, y con ello, el flujo sanguíneo de la zona genital disminuya y se altere la microbiota vaginal.

El también catedrático de la Universidad de Pisa explicó que el déficit de estrógenos desencadena el síndrome genitourinario que afecta no solo a la vagina, sino también a otras estructuras del área genital como el clítoris, los labios mayores y los menores, e incluso la vejiga y uretra, debido a los cambios locales profundos de los tejidos urinarios y a los cambios de la mucosa vaginal que generan reducción en la lubricación.

Al respecto, Genazzani añadió que, en la etapa reproductiva, los estrógenos estimulan la presencia de lactobacilus, que mantienen un pH vaginal ácido (entre 3.5 y 4.5), lo cual ayuda a proteger dicha área anatómica de infecciones; sin embargo, durante la menopausia, el pH se eleva y la presencia de bacterias aumenta, lo que conlleva a una mayor susceptibilidad a infecciones.

Síntomas

De acuerdo con Imelda Hernández Marín, docente y especialista en ginecología endócrina, los principales síntomas de la AVV son sequedad vaginal, ardor o sensación de quemazón (sobre todo al orinar o al secarse tras orinar), comezón o prurito en el área genital, cambios en la secreción vaginal, dolor durante el coito (lo que conlleva a disminución del deseo sexual) y urgencia urinaria o incontinencia urinaria leve.

La especialista en menopausia y biología de la reproducción humana detalló que los cambios de la microbiota vaginal pueden desencadenar infecciones urinarias recurrentes e incontinencia urinaria, además de que la falta de lubricación vaginal puede propiciar molestias durante las relaciones sexuales y sangrado leve después del coito. En ambos casos, estos síntomas pueden variar en intensidad desde leves hasta severos.

Factores de riesgo y diagnóstico

Si bien la menopausia es la principal causa, existen otros factores que pueden desencadenar o agravar la AVV, como la insuficiencia ovárica prematura, o el haberse sometido a tratamientos como radioterapia o quimioterapia, así como haber consumido medicamentos con efectos antiestrogénicos.

Para obtener un diagnóstico adecuado se requiere una evaluación de los factores de riesgo como la edad y cambios hormonales, sumado a que es importante una exploración ginecológica para evaluar el pH vaginal, así como para descartar infecciones u otras patologías. También se recomienda que dentro de la historia clínica se identifiquen y se registren la presencia de síntomas urinarios, así como afecciones en la sexualidad de las mujeres.

Tratamiento

Para tratar esta afección se puede recurrir a la terapia local que puede revertir varios signos del déficit de estrógenos. También existen hidratantes y lubricantes vaginales especializados que mejoran la elasticidad de los tejidos.

La terapia con ácido hialurónico (un polisacárido con gran capacidad de retención de agua) ha demostrado ser útil para mejorar la hidratación local y aliviar síntomas debido a que regula el movimiento de las células y además funciona como barrera a los patógenos, es decir, promueve la respuesta inmunitaria e inflamatoria.

El uso de ácido hialurónico, junto con antioxidantes como la vitamina A y E, favorece la hidratación y regeneración de los tejidos genitales, así como la protección de la mucosa vaginal. Estas opciones deben ser indicadas y supervisadas por especialistas para que puedan determinar la dosis y duración del tratamiento.

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