Libertades, ética y objeciones — letraese letra ese

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Libertades, ética y objeciones


En 2022, las vacunas contra el SARS-CoV-2 comenzaron a estar disponibles en varios países del mundo. Mientras el mundo luchaba contra la pandemia de COVID-19, hubo muchas personalidades mediáticas que se negaron a recibir las vacunas, ya fuera por “no creer” en ellas o por temor a los posibles efectos secundarios, que no habían sido plenamente identificados dada la premura por inmunizar a la población cuanto antes.Una de las figuras públicas que rehusó la vacunación fue el futbolista francés André-Pierre Gignac, delantero del equipo Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León. En 2022, reveló que no se vacunó contra el COVID-19 por motivos personales ligados a sus creencias y a su formación familiar. No ahondó en detalles ni mencionó una fe religiosa concreta, pero se especuló que tales creencias podrían estar vinculadas a su origen romaní (gitano)

No obstante, cabe recordar que Gignac no hizo campaña contra las vacunas ni intentó convencer a otras personas de no vacunarse, su postura pública fue más bien la de reclamar respeto por una decisión personal, aun cuando esa elección tuvo consecuencias para su carrera, al impedirle disputar partidos internacionales que exigían, por reglamento, que los jugadores que viajaran estuvieran vacunados.

Convicciones personales

Hablar de objeción de conciencia en medicina es tocar el punto en donde la ciencia y las creencias personales se cruzan de forma y, en ocasiones, colisionan. Aunque puede empezar en la teoría, el conflicto se materializa cuando una decisión médica urgente choca con convicciones religiosas profundas. En ese punto, la ética deja de ser un concepto abstracto y se transforma en una tensión real entre derechos.

La objeción de conciencia, en general, es el derecho de una persona a negarse a realizar o aceptar un acto que considera moralmente incorrecto según sus principios. El ámbito donde es más utilizado el concepto es el área médica, donde por lo general se piensa en el o la profesional de la salud que se niega a practicar ciertos procedimientos. Sin embargo, también puede existir la objeción desde el paciente, cuando alguien rechaza un tratamiento por motivos de fe o convicción personal.

En las raíces de la fe

Por otro lado, uno de los ejemplos más conocidos que plantean un conflicto de ética médica es el de los Testigos de Jehová. Para esta comunidad religiosa, las transfusiones de sangre están prohibidas por su interpretación de algunos pasajes de la Biblia. Se trata, pues, de una convicción espiritual que consideran central para su relación con Dios.

Asimismo, existen otros grupos religiosos cristianos que rechazan una o más intervenciones médicas, tal es el caso de los grupos menonitas. Los menonitas surgieron del movimiento anabaptista del siglo XVI, inspirado por el teólogo neerlandés Menno Simons. Esta corriente tiene como preceptos la vida comunitaria, la sencillez, el pacifismo y la obediencia a principios bíblicos. Si bien sus comunidades son muy diversas, algunas de ellas (más conservadoras) pueden mostrar reservas frente a ciertos tratamientos médicos, debido a su postura cautelosa hacia el sistema de salud moderno.

En las regiones de América del Norte y América Latina, por ejemplo, algunos grupos menonitas tradicionales priorizan los remedios, la medicina natural o la consulta dentro de su comunidad antes de acudir a hospitales. Esto podría generar tensiones cuando un tratamiento urgente requiere decisiones rápidas.

 

La objeción de conciencia no solo se manifiesta dentro del personal de salud, cuando este se niega a realizar alguna intervención, también puede existir la objeción desde el paciente, cuando alguien rechaza un tratamiento por motivos de fe o convicción personal.

 

Derechos y libertades

Un tema central en el debate es la libertad de creencia, un derecho que está protegido en muchas constituciones, incluyendo la mexicana, y en tratados internacionales. En principio, cada persona adulta tiene la facultad de decidir sobre su cuerpo, incluso si esa decisión implica riesgos graves para su salud.

Por el otro lado, la práctica médica se basa en otro principio muy poderoso: el deber de proteger la vida. Desde la formación profesional, se enseña al personal médico que su misión central es preservar la salud y evitar la muerte siempre que sea posible. Cuando un paciente, por ejemplo, rechaza una transfusión que podría salvarle la vida, ambos principios, autonomía y acción protectora, chocan de frente.

Paradójicamente, la autonomía de las y los pacientes se ha vuelto un pilar de la bioética precisamente para contrarrestar el antiguo modelo paternalista. Antes, el médico decidía por el paciente bajo el precepto de que “sabía más”. Hoy se reconoce que ninguna persona puede ser obligada a recibir un tratamiento si tiene información plena y está en la capacidad de decidir.

Volviendo al ejemplo de la sangre, una persona adulta consciente que rechaza una transfusión por motivos religiosos está ejerciendo su derecho. El personal médico puede explicar riesgos, proponer alternativas y asegurarse de que la decisión sea libre e informada, pero hay un punto en el que no debería imponer el procedimiento en contra de la voluntad expresa del paciente.

Conciencia y ética médica

El otro factor de la ecuación es la objeción de conciencia del personal médico. En general, un profesional podría considerar que realizar u omitir un procedimiento contradice sus principios morales. En México se reconoce este derecho, como se conoció en el amplio debate que precedió a la despenalización del aborto hace casi 20 años, pero también se exige que la persona sea canalizada a otro especialista o institución capaz de brindarle los servicios de salud.

Lo interesante es que tanto el paciente como el médico pueden apelar a la conciencia. Ambas figuras pueden argumentar que sus convicciones morales están en juego, y si esto ocurre, la solución no suele ser sencilla ni inmediata, sino que requiere diálogo y, en algunos casos, hasta una mediación institucional.

 

Un tema central en el debate es la libertad de creencia, un derecho que está protegido en muchas constituciones, incluyendo la mexicana. En principio, cada persona adulta tiene la facultad de decidir sobre su cuerpo, incluso si esa decisión implica riesgos graves para su salud.

 

En el caso específico de las transfusiones, la presión ética ha favorecido el desarrollo de alternativas médicas, tales como técnicas quirúrgicas que minimizan la pérdida de sangre y tratamientos que estimulan la producción de glóbulos rojos, todo esto para procurar la vida de alguien que ha rechazado categóricamente una transfusión. Estas alternativas demuestran que el conflicto puede encontrar salida.

Sin embargo, no todas las situaciones permiten soluciones alternativas, sobre todo en emergencias extremas. En escenarios críticos o de urgencias, la presión puede estallar. En caso de que, por ejemplo, el paciente posea un documento de voluntad anticipada rechazando transfusiones, es más viable exigir al equipo médico que se respete tal decisión, pero si no hay claridad sobre su voluntad, el debate podría desatarse.

No hay que perder de vista que, además de lo legal, hay una implicación emocional. Para un médico, respetar una negativa que puede conducir a la muerte generaría una carga psicológica importante, mientras que para la familia, la pérdida de su ser querido puede mezclarse con dudas y sentimientos encontrados.

A veces se plantea la pregunta de si permitir el rechazo de transfusiones es una forma de renunciar al deber de proteger la vida, pero también podría verse como una forma de respetar la coherencia moral de una persona. Obligar a alguien a recibir un tratamiento que considera espiritualmente inaceptable puede ser visto como una agresión profunda.

En el fondo, el conflicto no es entre ciencia y religión, sino entre diferentes comprensiones de la dignidad. Para algunos, la dignidad consiste en preservar la vida biológica a toda costa. Para otros, incluye la fidelidad a principios espirituales incluso frente al riesgo de muerte.

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