Machismo asesino
El caso del adolescente que asesinó a tiros a dos maestras en la escuela privada a la que asistía en Michoacán es un grave síntoma de un fenómeno que, hasta hace poco, era propio de la sociedad estadunidense, donde el fácil acceso a las armas y la angustia de ser considerado un fracasado por no cumplir con los mandatos de competitividad masculina produce seres que intentan resolver sus frustraciones con la violencia. Sobre todo cuando las frustraciones tienen connotaciones sexuales como es el caso de los llamados incels (célibes involuntarios).
Al parecer, estamos ante la globalización de este fenómeno gracias a las redes sociales, espacio donde las frustraciones adolescentes se retroalimentan y se encausan hacia el odio machista contra las mujeres. En las plataformas digitales, los adolescentes que viven aislados y se sienten menospreciados encuentran consuelo en la virulencia machista que hace apología de la violencia misógina.
En México, las armas por fortuna no son accesibles como en EE. UU. Y si bien el adolescente feminicida de Michoacán no es un caso aislado, aún estamos a tiempo de impedir que estos casos se vuelvan un fenómeno recurrente. El reto no es menor, se trata de disputar a las redes sociales la atención de los adolescentes dañados emocionalmente. Y aquí, las instituciones educativas tienen un papel muy relevante que jugar.