Simplemente Elena — letraese letra ese

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Simplemente Elena


La historia contemporánea de México no podría comprenderse sin la revisión de la obra de Elena Poniatowska Amor, quien, a través de sus libros, de sus colaboraciones en diversos periódicos y revistas, de sus entrevistas, de sus intervenciones en programas de radio y de televisión, y del archivo construido a lo largo de más de siete décadas con fotografías y con testimonios de muchas personas que, de diferentes maneras, han tenido algún rol en el devenir del país.

Si bien es difícil sintetizar lo anterior, pues la segunda mitad del siglo XX mexicano y los primeros dos decenios de este siglo han sido convulsos, en varios sentidos, y en distintos ámbitos, el Museo del Estanquillo, en conjunto con la Fundación de la autora, montó la exposición Elena Poniatowska Amor. Archivo personal, con la finalidad de compartir aquellos aspectos tras bambalinas de la obra de la escritora que ha sido galardonada con el Premio Cervantes, en 2013, y quien fuera la primera mujer ganadora del Premio Nacional de Periodismo.

Esos aspectos contenidos en sus álbumes de fotografías, en sus notas, en las correspondencias recibidas, en los recortes de periódicos, en sus diplomas y sus reconocimientos, en sus actividades artísticas alternativas como la pintura, en los registros gráficos de sus entrevistas. Esos en los que está tomando nota, grabando o mirando fijamente a quienes les acaba de espetar alguna pregunta. Todos estos elementos, componentes o testimonios de lo que más tarde se convertiría en cuentos, novelas, crónicas, artículos, columnas periodísticas, entrevistas a profundidad, o cualquier otro género por medio del cual la autora de más de 25 libros pudiera externar sus lecturas del mundo a través de la expresión escrita.

Máquinas de escribir y álbumes familiares son los componentes de la primera parte de la exposición, pues las fotos de dichos repositorios fueron tomadas a Elena durante su infancia, recién llegada a México, después de salir de aquella Europa enlodada en la Segunda Guerra Mundial y donde los riesgos de perder la vida por los constantes ataques a las ciudades o la escasez de alimentos y de agua eran latentes. De esta manera, a través de sus recuerdos y los materiales gráficos se comparte la manera en que se fue adaptando a la cultura de su madre, Paula Amor, la mexicana, y comenzó a tejer su propio destino.

Algunos de sus recuerdos hacen eco de las formas en que se fue sintiendo arropada por la cultura mexicana hasta estar completamente convencida de que este es su lugar en el mundo y su cultura, que, además, es la que le ha dado celeridad a su creatividad.

De allí que también se compartan fotos de ellas con sus hijos y en algunos ámbitos de la vida cotidiana, pero también de sus comienzos en la actividad que más le ha apasionado a lo largo de su vida, la escritura, cuyo ímpetu la llevó a publicar su primera novela en 1955, Lilus Kukus, y de la que diría que es una actividad sin géneros, sino que más bien debe tener un objetivo, y para ella, este es “defender al oprimido, al que lucha, a los torturados”.

Periodismo

El siguiente punto abordado en la exposición es la actividad periodística de quien hasta el día de hoy publica semanalmente una columna en La Jornada, pero cuyo archivo permite ver cómo ha sido parte fundacional de los cambios en el ejercicio del periodismo en México, debido a su intervención en diferentes secciones, desde la política, sin caer en el típico ejercicio de redactar notas o hacer entrevistas a la clase política, sino, más bien, a quienes hacen un contrapeso a las posturas oficiales y propagandísticas; la cultura, donde se acercó a todas las expresiones artísticas de las diferentes décadas y contribuyo a la hechura y la consolidación de los ahora añorados suplementos culturales, pero en cuyo momento, resultaron trascendentales para la vida nacional; las ciencias y las humanidades, abriendo espacios a las y los investigadores del país y sus propuestas y sus teorías, y hasta los espectáculos.

En otra de las reflexiones compartidas, la autora de Tinissima asegura que a diferencia de lo que podrían opinar otros autores, para ella, el periodismo fue su verdadera escuela para poder ser escritora.

Dicho argumento se refuerza museográficamente con varias mamparas llenas de fotografías tomadas por varios especialistas de la lente, entre ellos, Héctor García, en los que la autora de Leonora interactúa con múltiples personalidades de diferentes ámbitos, entre ellos sus propios fotógrafos, pero también otros escritores como Carlos Monsiváis, Octavio Paz o Gabriel García Marquez; artistas plásticos como Diego Rivera, Rufino Tamayo o David Alfaro Siqueiros; el caricaturista Abel Quezada; la titiritera y dramaturga, Lola Cueto; los humanistas Leopoldo Zea, Miguel León Portilla, Gertrudis Duby o la diva del cine mexicano, María Félix. Además de varios libros de entrevista y un sinfín de textos publicados en los principales periódicos y revistas de circulación nacional de diferentes épocas, basados en sus charlas con múltiples personalidades y actores cotidianos.

 

Visión Social

Las movilizaciones sociales de diferentes sectores de la población mexicana son uno de los principales focos de atención de la autora de La flor de Lis, quien siguió de cerca los acontecimientos de la huelga ferrocarrilera de la década de los cincuenta, encabezada por Demetrio Vallejo, y cuyo culmen seria su libro El tren pasa primero, sustentado en las múltiples voces de quienes participaron en los hechos o conocieron al líder.

También los hechos de 1968, que derivaron en el encarcelamiento de decenas de jóvenes estudiantes y a quienes dio voz desde el Palacio de Lecumberri, en aquel entonces, la prisión más lúgubre de este país, a través de La noche de Tlatelolco. O sus acercamientos con el Ejército Zapatistas de Liberación Nacional por medio de una visita a Chiapas y una entrevista al entonces subcomandante Marcos, asentada en el primer volumen de la colección EZLN. Comunicados y documentos.

Además de sus trabajos con respecto al sismo que sacudió a la ciudad de México en 1985, su acercamiento a las mujeres del Istmo de Tehuantepec y las conferencias impartidas en el lugar en la década de los ochenta, hasta la lamentable desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, en 2014, y de cuya generación fue madrina de graduación.

Una de sus principales convicciones ha sido el rescate de las voces femeninas a lo largo de su obra, para, como ella misma señala, evitar que caigan en el olvido. De esa premisa derivan libros como Las soldaderas, Luz y luna, las lunitas, o las biografías de Leonora Carrington o Tina Modotti. Y sobre lo mismo, se comparte un fragmento de su discurso para recibir el Premio Cervantes, en 2013, en el cual, les recuerda a quienes otorgan este máximo galardón, que antes de ella solo lo habían otorgado a María Zambrano, Dulce María Loynaz y Ana María Matute, una situación de franca desventaja para aquellas entusiastas de la expresión literaria en lengua hispana.

El archivo de Elenita, como cariñosamente se le conoce, es dinámico, pues constantemente se actualiza, por lo que es vivo, y su gran fuente de alimentación es la curiosidad de la autora por continuar entrevistando a personas sobre temas de relevancia social, como la legalización de la eutanasia en México y la iniciativa ciudadana que se está impulsando en la materia. Sin duda, como muchos de los temas abordados en su obra, un tópico del cual se debatirá ampliamente.

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