Neuroplasticidad cerebral
El cerebro es quizá el órgano más complejo de los seres humanos, ya que es un centro de mando que coordina la ejecución de las actividades del organismo. Este se puede ver afectado por alteraciones de origen genético-congénito, por infecciones o por el desarrollo de tumores u otras anomalías. Sin embargo, los daños más frecuentes están relacionados con enfermedades cardiovasculares que pueden dañar significativamente este órgano y traer consecuencias como discapacidades diversas.
A este panorama se suman las complicaciones derivadas de la edad, pues una persona adulta mayor puede presentar procesos degenerativos e ir perdiendo ciertas capacidades como consecuencia de alteraciones en el sistema nervioso.
En general, señala Arturo Pichardo Egea, médico cirujano y miembro fundador de la Academia Mexicana de Parálisis Cerebral y Trastorno del Neurodesarrollo, parte de estas limitaciones derivadas de algún daño cerebral son las dificultades para la comunicación, problemas de entendimiento o de expresión de acciones cognitivas o conductuales, así como afectaciones en sentidos como la vista o la audición, o de movilidad, al producirse alteraciones importantes en el control voluntario y el tono muscular.
Algunas señales de alerta son la sensación de pérdida de algún miembro o la complicación para moverlo al sentir su pesadez; las dificultades de expresión o de comprensión del lenguaje; la sensación de pesadez en un brazo, en una pierna o en la mitad del cuerpo, entre otras.
Neuroplasticidad
En entrevista, el también integrante de la Academia Estadunidense de Parálisis Cerebral y Trastornos del Desarrollo, explicó que la neuroplasticidad es una condición que tiene nuestro cerebro y consiste en aprender tareas o movimientos a lo largo de las distintas etapas de la vida, las cuales, pueden ser muy sencillas como la repetición o la captación de imágenes, u otras más complejas, como aprender idiomas, deportes u otras actividades.
Sin embargo, acotó el especialista, en algún momento de la vida pueden presentarse lesiones cerebrales y afectar algún aspecto funcional, por lo que la recuperación de las mismas podría darse a partir del aprendizaje de las funciones corporales a través de la repetición.
Esto significa, explicó, que no es que haya una recuperación del tejido cerebral lesionado, debido a que eso es prácticamente imposible, pero sí hay una reconexión mediante el mecanismo de neuroplasticidad, permitiendo generar nuevas redes neuronales. Esto puede hacer que algunas tareas, dependiendo de su complejidad, se puedan realizar nuevamente.
Cuidado y prevención
En México, hay un alto registro de enfermedades metabólicas como la diabetes, la hipertensión la dislipidemia, el sobrepeso y la obesidad que pueden conducir a presentar lesiones cerebrales derivadas de accidentes cerebrovasculares, por lo que se recomienda el cambio de hábitos alimenticios y de estilo de vida.
En el caso de las infancias y de las juventudes, se debe evitar el uso excesivo de celulares y de pantallas e incentivar el aprendizaje a través de los métodos convencionales como leer o tomar notas a mano o realizar ejercicios en los que se estimule la creatividad.
Después de los 40 años es recomendable mantener una vigilancia de la presión arterial a fin de poder identificar alguna posible alteración cardiovascular, además de mantener un peso adecuado, llevar a una rutina de actividad física, y privilegiar el descanso, para alcanzar entre siete u ocho horas de sueño, pues el sistema nervioso requiere de un tiempo de recuperación.
Sin embargo, si ocurre algún accidente, hay múltiples posibilidades de recuperación, cuyo éxito dependerá del tiempo transcurrido entre la lesión cerebral y el inicio de la atención. Lo más recomendable, consideró Pichardo Egea, es que sea durante las primeras horas, después de registrado el evento, y así evitar procesos invasivos o quirúrgicos y se obtengan mejores pronósticos.
Una de las nuevas posibilidades terapéuticas que involucran la neuroplasticidad es el uso de robots programados para interactuar con personas afectadas a fin de que puedan reproducir ciertos parámetros de movilidad y entrenar de manera constante para realizar acciones como subir y bajar escalones, alejar, acercar, agarrar, soltar, o movimientos funcionales.
Para Pichardo Egea, el uso de esta tecnología para entrenamientos en personas con cierta limitación para el movimiento, si se aplica dentro los primeros seis meses después de la lesión cerebral, puede arrojar un resultado sumamente bueno para la persona.