Cuando el miedo aparece sin razón
Al mirar una película, María comienza a sentir un miedo intenso sin causa aparente. Su corazón se acelera y se sofoca, teme estar sufriendo un infarto. Desorientada y preocupada por la posibilidad de que vuelva a ocurrir, acude al médico y, tras una evaluación, se le diagnostica ataque de pánico: un episodio repentino de miedo que desencadena reacciones que alertan al organismo, incluso cuando no existe un peligro real.
Aunque sus causas no se conocen por completo, pueden influir factores genéticos, estrés, experiencias traumáticas, algunas enfermedades y el consumo de sustancias como cafeína, alcohol o ciertos medicamentos.
Un ataque de pánico puede aparecer en cualquier momento y pueden presentarse palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración, temblores, mareos, náuseas y sensación de miedo a morir. Los síntomas suelen alcanzar su máxima intensidad en pocos minutos (10- 20) y, aunque pueden sentirse aterradores, un ataque de pánico por sí mismo no pone en riesgo la vida.
Para establecer el diagnóstico, el profesional de la salud realiza un historial clínico y, cuando sea necesario, estudios que descarten otras enfermedades que pueden ser similares, como problemas cardiacos o alteraciones tiroideas. El tratamiento dependerá de cada caso. La terapia cognitivo-conductual podría ayudar a identificar y modificar los pensamientos y conductas relacionadas con los ataques. Algunos medicamentos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina con supervisión médica son una opción.