Migraña: dolor que paraliza
Una luz brillante, el más leve ruido o una noche de mal sueño se puede convertir en una batalla que se prolonga durante horas o días, acompañada de un dolor intenso y de la necesidad urgente de aislarse del mundo. Así se vive una crisis de migraña, una enfermedad neurológica que provoca episodios recurrentes de dolor de cabeza, conocidos como cefaleas, y que puede afectar la vida cotidiana.
Las personas con migraña tienen un cerebro hiperexcitable, es decir, las neuronas de su cerebro reaccionan de manera exagerada ante estímulos normales; como la luz, ruidos fuertes, etc. Además, la predisposición genética, alteraciones del sueño, cambios hormonales, ciertos alimentos y bebidas pueden favorecer la aparición de una crisis. Durante estos episodios también intervienen reacciones químicas en el cerebro relacionadas con el dolor, por ello, la migraña debe entenderse como una enfermedad neurológica multifactorial.
Las crisis pueden durar de 4 a 72 horas. El dolor puede ser pulsátil y afectar solo un lado de la cabeza. Puede acompañarse de náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz y al ruido, o molestia frente a determinados olores, fatiga y cambios en el estado de ánimo. En otros casos, se manifiesta el aura, que aparece antes o durante el dolor: en ella, la persona puede ver destellos luminosos, líneas en zigzag, sentir hormigueo en manos y tener dificultad para hablar.
Ninguna prueba de laboratorio específica detecta la migraña; el o la especialista en neurología realizará una evaluación de los síntomas, antecedentes personales y familiares, incluso, una tomografía o resonancia que descarte otras enfermedades. Aunque no existe una cura definitiva, se puede recomendar analgésicos, antiinflamatorios o triptanes en crisis frecuentes. Regular el sueño, hidratarse o alguna actividad física ayudan a controlar los síntomas.