La excusa antigénero — letraese letra ese

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La excusa antigénero


¿Es una moda? ¿Un nuevo tipo de tribu urbana? ¿Un pasatiempo más de una juventud sin rumbo? ¿Son performances o identidades genuinas? ¿Qué es, en definitiva, la comunidad therian? Las personas therian han comenzado a ocupar un lugar más visible en el espacio público y provocan reacciones que van de la sorpresa a la desconfianza, de la aceptación a la burla. Pero esa mayor exposición no sólo ha generado curiosidad: ha sido como agua para el molino de la ultraderecha, que usa el fenómeno para ridiculizar la idea de que el género es una cuestión de autopercepción.

¿De qué se trata este fenómeno?

Ser therian implica sentir una conexión profunda, involuntaria y duradera con un animal específico —conocido como “thériotipo”— . Es una vivencia que se experimenta como parte de la identidad.

Quienes se consideran therians reconocen que tienen un cuerpo humano, pero sienten que su personalidad también es animal. Esto puede incluir percibir partes corporales que no tienen —cola, orejas, hocico, alas, patas— o atravesar momentos en los que la identificación se intensifica y aparecen impulsos de movimiento o una sensación subjetiva de “ser” el animal.

La comunidad ganó visibilidad en los últimos años gracias al entorno digital; sus imágenes y prácticas se volvieron virales y, con eso, un espectáculo. Durante 2026, la comunidad therian pasó de los foros digitales a las plazas públicas de varios países de América Latina.

En México, las búsquedas online crecieron un 500% según Google Trends, y un encuentro en la UNAM —con decenas de medios y cientos de curiosos— atrajo una atención que desbordó ampliamente a quienes se identificaban como therians. Jóvenes acompañados por un abogado también llevaron el tema al Congreso de Nuevo León para pedir medidas contra el acoso. En Colombia hubo convocatorias en distintas ciudades, de acuerdo con El Heraldo. En Chile, videos de una pareja de therians en una plaza de Arica, difundidos por TVN y otros medios, se volvieron virales.

Los encuentros generaron más revuelo mediático que participación. Algunos tuvieron escasa asistencia o derivaron en parodias, pero el debate sobre las personas therian está encendido.

 

La experiencia therian permite pensar en el borramiento de un límite que pareció evidente: el que separa a los humanos de los animales. Pero las mentes conservadoras encontraron en esto una gran herramienta, y usaron la experiencia therian para desacreditar las políticas de identidad de género.


Fronteras e identidad

La comunidad therian no es nueva: surgió en los años 90 en foros de internet como alt.horror.werewolves, donde algunas personas comenzaron a compartir su identificación con animales. Esa forma de identificarse se consolidó en esos foros digitales y existió de manera subterránea hasta su reciente expansión en redes sociales.

En años recientes, esta comunidad adquirió una dimensión espectacularizada. Su expansión sacó a la luz una experiencia que hasta entonces circulaba en comunidades relativamente pequeñas, pero también la puso en el centro de una disputa sobre qué significa identificarse y hasta dónde puede llegar la autopercepción.

En ese sentido, el fenómeno therian pone en cuestión dos fronteras: la que separa lo humano de lo animal y la que define quién puede decir quién es.

La filósofa feminista Donna Haraway cuestionó las oposiciones con las que solemos organizar el mundo, entre ellas la que presenta lo humano y lo animal como categorías cerradas y autónomas. Para ella, esas fronteras son mucho menos fijas de lo que parecen: nos constituimos siempre en relación con otros seres.

Desde ese marco, la experiencia therian permite pensar en el borramiento de un límite que pareció evidente: el que separa a los humanos de los animales. No porque las diferencias entre especies desaparezcan, sino porque una persona pueda integrar esa identificación animal a la manera en que se piensa. La pregunta, entonces, ya no es solamente dónde termina el animal y empieza el humano, sino qué significa ser humano cuando esas fronteras dejan de parecer tan nítidas.

Pero esta pregunta no queda en el terreno de la reflexión. También tiene una dimensión política: quién está en condiciones de definir la propia identidad, qué formas de identificación son reconocidas y cuáles son deslegitimadas.

Y es justamente en ese terreno donde el fenómeno therian se cruza con la ofensiva de la ultraderecha contra la llamada “ideología de género”.

Munición contra la “ideología de género”

Resulta revelador cómo la cuestión therian ha sido incorporada al discurso de la ultraderecha contra la llamada “ideología de género”, una etiqueta creada por sectores conservadores y religiosos para englobar, bajo una misma amenaza, conquistas como el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género y la Educación Sexual Integral. No hay tal ideología: es un término utilizado para instalar miedo y cuestionar derechos conquistados.

Este uso aparece entre referentes de la ultraderecha y sectores conservadores de Latinoamérica y España. Axel Kaiser, intelectual y escritor chileno de tendencia libertaria, vinculó explícitamente la identificación therian con la identidad de género: según reportó RTVE, sostuvo que el mismo "desquiciamiento que niega la realidad biológica y permite identificarse como del sexo opuesto" llevaría a identificarse también con otra especie, raza o edad.

En su canal de YouTube, este año, Agustín Laje —ideólogo de Milei y referente de la ultraderecha latinoamericana— habla de "therians trans animales", los describe como una "transespecie" y sostiene que esta subcultura es la culminación de la "ideología de género". Establece analogías con las identidades trans. Compara la experiencia de quienes se identifican con distintos animales con la de quienes tienen una identidad de género fluida: "hoy me siento hombre, por lo tanto, soy hombre; mañana me siento mujer, por lo tanto, soy mujer. Pasado mañana no me siento ni hombre ni mujer, por lo tanto, soy no binario y así sucesivamente".

Emmanuel Danann, influencer argentino de la derecha libertaria, hace la misma operación. En un video de 2026 de su canal de YouTube, presenta la experiencia therian en relación con la autopercepción y cuestiona la idea de que una persona pueda definir su identidad a partir de cómo se percibe.

 

El mismo "desquiciamiento que niega la realidad biológica y permite identificarse como del sexo opuesto" llevaría a identificarse también con otra especie, raza o edad, sostuvo Axel Kaiser, intelectual y escritor chileno de tendencia libertaria.


El mecanismo es claro: usar la experiencia therian para desacreditar las políticas de identidad. En España, el ultraconservador Elentir presentó en febrero de 2026 el fenómeno como el “resultado predecible” de una ideología que, según él, niega lo que considera realidad. En su blog Contando Estrelas, refiere que si alguien puede identificarse con un sexo distinto al asignado al nacer, ¿por qué no con otra especie?

En México, el ultraconservador Eduardo Verástegui también recurrió al fenómeno therian para desacreditar las identidades trans. En una publicación que compartió en X en febrero de 2026, puso en paralelo la imagen de una persona vestida de perro con la de una mujer trans para sostener que, así como “un hombre vestido de perro” no es un perro, “un hombre vestido de mujer” no es una mujer.

Todo esto forma parte de una batalla cultural que la extrema derecha convirtió en un arma política: instalar la idea de que los avances feministas y LGBTIQ+ no son conquistas de derechos, sino expresiones de una supuesta ideología que amenaza el orden social, la familia y la propia idea de realidad. No es solo una guerra de discursos: en distintos países, esa ofensiva ha acompañado retrocesos concretos en derechos, desde restricciones a la expresión sobre diversidad sexual y de género hasta límites al reconocimiento de la identidad y a la atención de afirmación de género.

En ese contexto, la experiencia therian se convierte en una pieza útil: una caricatura de aquello que la ultraderecha quiere cuestionar. Se la utiliza para desacreditar la idea de que una persona pueda participar en la definición de quién es y, con ella, las políticas de identidad y los derechos conquistados por los movimientos feministas y LGBTIQ+. Lo que está en juego, entonces, es la posibilidad misma de que las identidades sean diversas y que esa diversidad se traduzca en derechos.

Así, la estrategia antiwoke consiste, en buena medida, en presentar como absurdas o peligrosas las identidades que desafían categorías consideradas naturales e inamovibles. Y quizá allí esté la paradoja: burlarse de quienes desafían esas categorías termina diciendo tanto —o más— sobre quienes lanzan el ataque que sobre las personas destinatarias.

*Periodista y comunicadora. Escribe sobre género, diversidad y las disputas por el poder y los derechos.

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